El Dios de la vida

Acabamos de celebrar la Pascua, que es la celebración de la resurrección de Jesús y por tanto es la celebración de su entrada en la Vida, es la afirmación de que la muerte no tiene la última palabra pues el Dios que nos muestra Jesús con su testimonio es un Dios de la vida.

Esta perspectiva de fe nos puede dar luces importantes para afrontar tiempos tan duros en donde pareciera que la muerte va ganando terreno. Santa Teresa de Ávila en su autobiografía espiritual, “Libro de la vida” (1562), señalaba: “En tiempos recios, amigos fuertes de Dios”.

Una gran amiga de Dios sin duda lo fue “Aguchita”, fue la primera religiosa asesinada por Sendero Luminoso y como bien se señala en el artículo dedicado a recordarla por su beatificación, la mataron por hablar de paz y servir a los pobres. De otro lado, en el contexto de la I Conferencia de las Partes (COP) del acuerdo de Escazú, hubo una participación significativa en la que se recordó a Ulises Rumiche, defensor ambiental del pueblo Nomatsigenga del valle de Pangoa, a quién asesinaron hace poco. Son 19 los líderes indígenas (incluido Rumiche) que han sido asesinados desde que comenzó la pandemia.

A pesar de estas trágicas muertes, sus luchas por mejores condiciones de vida para los pobres, por construir la paz y por preservar la vida en nuestros ecosistemas perduran y nos inspiran porque son testimonio de la resurrección de Jesús que afirma la vida.

El mes pasado planteábamos la necesidad de diálogos más humanos, donde la memoria y la acogida de la palabra desde el corazón marcaban lo humano. Esta dimensión humana del diálogo es en suma una lucha por la vida, en especial si es que se trata de gobernantes y congresistas que tienen en sus manos las vidas de millones de peruanos y peruanas.

Lamentablemente nuestros gobernantes han dejado de lado estas dimensiones, estamos en un momento en que estas luchas por la vida nos tocan a cada uno de nosotros. Como ciudadanos y ciudadanas, articulados como sociedad civil, debemos ponerlas en valor y exigir que nuestros gobernantes las pongan en práctica.

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