Aguchita: la mataron por hablar de paz y servir a los pobres

En el año 2015 fueron beatificados los tres mártires de Chimbote: los misioneros polacos Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y el italiano Alessandro Dordi. El 7 de mayo de este año 2022 la religiosa peruana María Agustina Rivas López, “Aguchita”, será beatificada a las 10 am en La Florida, en la Diócesis de San Ramón, por un delegado del Papa Francisco.

María Agustina Rivas López, conocida como ‘Aguchita’, fue la primera religiosa asesinada por Sendero Luminoso. Nació en Coracora, Ayacucho en 1920. De niña ayudó a sus padres en la chacra y en el cuidado de los animales. A los 22 años inició su noviciado con las Hermanas del Buen Pastor. En 1949 hizo su Profesión Perpetua como religiosa. En la década de los 80 en el Perú imperaba un alto nivel de violencia política. En ese contexto, ‘Aguchita’, con 67 años, pidió viajar a la selva central para servir a los más necesitados en la zona de emergencia de La Florida, provincia de Chanchamayo, departamento de Junín. Allí, Agustina se dedicó a la educación de los jóvenes y ayudaba a las mujeres del campo. Les enseñaba a rezar, a tejer, hacer el pan y a cuidar de las plantas y animales.

De acuerdo con la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), “los pueblos indígenas de la selva central del Perú fueron muy golpeados por la violencia terrorista. Se calcula que de 55 mil Asháninkas, cerca de 10 mil fueron desplazados. Seis mil personas fallecieron y cerca de 5 mil estuvieron cautivas por el grupo Sendero Luminoso. Se calcula que durante esos años desaparecieron entre 30 y 40 comunidades Asháninkas.

En la tarde del 27 de setiembre de 1990, un grupo de jóvenes senderistas llegó al referido pueblo de Junín. ‘Aguchita’ se encontraba haciendo dulces con unas niñas cuando una joven senderista la obligó a ir a la plaza. Durante la reunión, el cabecilla del grupo terrorista leyó una lista de 6 personas que serían ejecutadas. Dentro de esos nombres estaba el de la hermana Luisa, otra religiosa del Buen Pastor, pero esta no se encontraba. En su lugar, ‘Aguchita’ fue ejecutada por “hablar de paz y socorrer a los más pobres”. Una joven de solo 17 años la mató de cinco disparos. Las últimas palabras de Aguchita no fueron para defenderse, sino para interceder por las otras víctimas.

Los beatos y los santos suelen ser presentados como modelos que nos dan ejemplo de vida cristiana. Cuando el Papa Francisco habla de “la clase media de la santidad”, quiere decir que los santos no son extraterrestres, ni supermanes. Todos estamos llamados a la santidad, o sea intentar vivir y cumplir nuestra tarea, nuestra profesión, día a día, lo mejor posible, de la forma que consideremos que contribuya más al bien de los demás. En eso fueron ejemplares Miguel, Sandro, Zbigniew y Agustina: en pasar haciendo el bien, en servir a los más humildes. Lo que los hizo grandes cristianos, beatos y santos, no fue su muerte, sino su vida. Murieron como vivieron: amando y sirviendo a los demás; y por eso los mataron. Esa es la lección que nos dejan: nadie puede elegir cómo morir, solo podemos decidir cómo queremos vivir.

Compartir Artículo

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on linkedin
Compartir en Linkdin
Share on whatsapp
Compartir en WhatsApp