“Vivir y pensar al Dios de los pobres”: Presentación del libro póstumo de Gustavo Gutiérrez

El lunes 10 de junio, en el Auditorio de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), se llevó a cabo la emotiva y significativa presentación del libro póstumo de Gustavo Gutiérrez: “Vivir y pensar al Dios de los pobres”. La publicación, editada por el Centro de Estudios y Publicaciones y el Instituto Bartolomé de Las Casas, constituye la última ofrenda teológica y espiritual de quien fuera uno de los mayores impulsores de la Teología de la Liberación, una voz que ha marcado a generaciones en América Latina y el mundo.

El evento se abrió con las palabras del rector de la PUCP, quien evocó una frase punzante de Gutiérrez haciendo alusión a quienes no han sido tratados como ciudadanos y han sido históricamente excluidos en el Perú: “La esperanza de un pueblo que, nacido en este país, todavía no lo siente como su nación”. Una afirmación que confronta y llama a crear un nosotros con justicia. El rector subrayó que la universidad debe ser una institución “en salida”, capaz de ponerse en camino, de escuchar y construir país desde el diálogo con la vida concreta de la gente. “Que este acto no sea solo memoria, sino impulso”, expresó, en alusión a la necesidad de transformar el sufrimiento en horizonte de dignidad.

El cardenal y arzobispo de Lima, Carlos Castillo, destacó la preocupación pastoral como núcleo del legado Gutiérrez. Recuperando palabras del propio Gustavo, recordó que “no tendremos una auténtica teología de la liberación sino cuando los oprimidos puedan levantar su voz y expresarse creativamente en el seno del pueblo de Dios”. Para el cardenal, Gustavo deja el camino claro: una pastoral liberadora que no hable por los pobres, sino con ellos, reconociéndolos como sujetos creadores de futuro.

La teóloga y religiosa Birgit Weiler evocó un principio fundamental que él repetía y vivía: “Para conocer a Dios hay que conocer la vida de los pobres”, hay que ser amigos. Y eso implica compartir sus angustias, sus sueños, sus alegrías. Subrayó cómo la vida religiosa femenina acogió con especial fuerza la opción por los pobres, encarnándola en comunidades insertas en las periferias sociales y geográficas. La metodología de Gustavo, afirmó, es también una espiritualidad, una teología que se hace desde el suelo y ayuda a ser fermento escondido en la masa de la historia.

Raúl Pariamachi, otro de los ponentes, propuso leer el libro recordando que la teología de Gutiérrez es una “hermenéutica de la esperanza”. Rescató expresiones como: “La teología es la inteligencia de los motivos que tenemos para esperar” y señaló que, en una época marcada por la desesperanza, la violencia y la impunidad, este libro es un llamado urgente a dar razón de nuestra esperanza, arraigadas en la fe y en la lucha contra la injusticia.

Por su parte, Rolando Ames señaló la fecundidad del diálogo entre teología y ciencias sociales y recordó la organicidad del pensamiento de Gutiérrez, nacido en contacto directo con los rostros sufrientes del pueblo y con las luchas por la justicia social.

El momento más emotivo de la noche llegó con las palabras de Leo Guardado, editor del libro, quien afirmó que esta publicación nació de una promesa hecha a Gustavo. “Este último libro es su oración, su ofrenda razonada de lo que ha visto y oído en su seguimiento de Jesús”, expresó. Guardado habló de una teología encarnada, tejida desde el silencio, la oración, y la contemplación del misterio de Dios, de donde nacían las palabras de Gutiérrez. La obra -dijo- es también un llamado a remirar nuestra relación con Dios desde los clamores de los pequeños, desde una espiritualidad que no escapa de la historia, sino que la abraza en su conflictividad y en sus posibilidades de transformación.

Este libro póstumo no es el cierre de la vida de Gustavo, sino la apertura de nuevos caminos, una invitación a habitar la memoria de Dios, a recordar como Dios recuerda -“hasta del más chiquito Dios tiene memoria” (sobre todo del más chiquito)-, a seguir creyendo que la plenitud de la vida es posible cuando una comunidad entrega su vida al servicio de los pobres e insignificantes. Es un legado que nos convoca a vivir y pensar el Dios de los pobres.

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