Luis Fernando Crespo: una vida que convoca y nos alegra

Quienes estuvimos en la celebración de la Eucaristía por los 90 años de Luis Fernando Crespo, fuimos testigos de un signo de gratitud y reconocimiento a su vida, su acción evangelizadora y su amistad compartida con mucha gente. Fueron más de 300 personas presentes y todas ellas con una historia de Luis Fer en UNEC, en el MPC, en cursos, en comunidades, en la universidad, en diversos movimientos y lugares del país, donde él ha recorrido en sus más de 60 años de vida en el Perú.

Su testimonio nos convocó y pudimos agradecer lo que Dios nos dio a través de la vida fecunda de Luis Fernando. Son muchos los frutos y signos de vida en este camino recorrido a través de personas y experiencias que hoy son semillas de esperanza para nuestro pueblo.

Testimonio de Yolanda Díaz

Encontré a Luis Fernando en la UNEC hace 45 años. No salí del movimiento, pues cuando ya   debí hacerlo, me invitaron a ser asesora en Chiclayo. No me he perdido ninguna de sus charlas sobre Jesús en los seminarios de UNEC, en los encuentros regionales, cursos de teología.  A través de sus reflexiones, descubro siempre algo nuevo de Jesús que me produce alegría, orienta mi compromiso y cercanía con los pobres y despierta un deseo de conocerlo más.  Por eso me atrevo a decir que Luis Fer es un hombre impactado por Jesús y su proyecto, y que busca con mucha convicción el seguimiento de Jesús a través de su acción evangelizadora.

Doy gracias al Señor por haber encontrado en mi camino a Luis Fer como sacerdote, teólogo y amigo entrañable. Su acompañamiento y fiel amistad es una experiencia liberadora y expresión del amor de Dios en mi vida.  ¡Gracias, Luis Fernando!

Testimonio de Neyli Meza

Conocí a Luisfer cuando tenía 11 años, en Arequipa, y agradezco profundamente esa primera interacción porque fue el inicio de una gran historia de comunidad y amistad. Es curioso que, desde el inicio, nos haya unido la UNEC. Luisfer había viajado a Arequipa para participar en un evento del movimiento arequipeño del que mi hermana formaba parte. Durante uno de esos días en la ciudad blanca, acompañé a mi hermana a cenar, y fue entonces cuando coincidimos. No recuerdo exactamente los temas de nuestra conversación, pero sí qué sensaciones generaba Luisfer: cercanía, confianza y honestidad

Esa primera impresión se confirmó años después, cuando nuevamente coincidimos en la misma comunidad de UNEC Lima. Desde junio de 2020, Luisfer ha sido el asesor de la comunidad que compartimos. Este espacio me ha permitido conocerlo más y, en consecuencia, apreciarlo aún más. En sus 90 años, doy gracias por la vida de nuestro querido Luis Fernando, por su entrega incansable en la formación de tantos jóvenes universitarios, donde ha compartido no solo su conocimiento teológico, sino también su testimonio de fe viva y comprometida.

Testimonio de Rosario Zapata

Corría el año 1997 cuando por interés universitario, me incorporé a una comunidad de la Unec. Luisfer se encargaba junto a los acompañantes de asesorar a la comunidad. Mi primera impresión fue la de un hombre acogedor, amable, empático con las preocupaciones de los jóvenes. Conforme iban avanzando las reuniones, sus reflexiones me presentaron a un Dios distinto al que yo había acogido antes de entrar a la Unec. Luisfer no solo con su vida sino con su pedagogía me mostró un Dios cautivante, al que había que buscar y encontrar en la vida misma, aquel que se vale de nuestros dones para transformar la vida en favor de los más desprotegidos. Es decir, Luisfer fue para mí el mejor embajador de Dios en la vida.

Fui testigo de su convicción y confianza en las capacidades transformadoras de los jóvenes. Su innata capacidad formadora, iba proponiendo los hilos para que cada joven fuera entretejiendo los valores cristianos con sus complejas vidas, que llevaban impresas los límites y las potencialidades. Luisfer, tu vida es un signo de esperanza, de que el Dios de la Vida se nos revela en esta historia.

Testimonio de Karin Idrogo

Hace diez años conocí a Luis Fer, y escucharle hablar del seguimiento de Jesús y de lo que implica ser universitario, constituyó el primer momento de mi vida en el que me cuestioné seriamente el sentido de reconocerme cristiana. Los espacios compartidos en UNEC, primero formando parte del Consejo Nacional y luego como parte del Comité Nacional, me ha permitido sentir el acompañamiento de Luis Fer y Yolita como asesores nacionales.

Son innumerables las enseñanzas y reflexiones que hemos adquirido de Luis Fer y, estoy segura de que, a muchas personas, nos ha llevado a niveles tan altos de interpelación que nos hemos replanteado decisiones ya tomadas para enmarcarlas en nuestro ser cristiano con radicalidad. Te agradezco infinitamente, Luis Fernando Crespo, por ser una persona que anima y nos llena de esperanza, por ser un pastor con olor a oveja, con olor a unecos y unecas de estos tiempos tan desafiantes.

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