Por Jorge Gutiérrez Martínez, miembro de Equipos docentes de Iquitos
La Amazonía por muchos años ha sido olvidada por cada autoridad de turno, regional o nacional. Especialmente la región Loreto alberga a muchos pueblos originarios, que viven a lo largo de las cuencas amazónicas, pueblos alejados de las urbes, donde el Estado sólo llega con una escuela unidocente, polidocente o multigrado.
Uno de los grandes problemas que tienen nuestros pueblos indígenas es que van profesores mestizos sin conocimiento de la cultura y de la idiosincrasia del pueblo, cometiendo muchas veces aberrantes abusos de poder a través de la violencia sexual, contra la inocencia de las niñas y niños de estos pueblos indígenas, niños invisibles, que gritan su dolor sin ser escuchados, que reclaman sus derechos.
La Ugel de Maynas tiene muchos casos encarpetados, otros en procesos y otros aún más descarados trabajando en la propia Ugel, como un premio a su aberrante acto delincuen- cial. La lejanía de los pueblos, la falta de economía, las amenazas, la coacción, hacen que nunca puedan realizar sus denuncias; a esto se suma la falta de supervisión de las Ugeles a los docentes en los pueblos alejados.
Es lamentable que los niños, acostumbrados a su libertad, al juego, a disfrutar su inocencia, tengan que vivir bajo la vergüenza y dolor, bajo la humillación y el maltrato, sin que el Estado y las autoridades competentes se atrevan a afrontar este problema, desde la raíz misma, donde todos se coluden para salvar “el prestigio” del profesor, y se olvidan de que los niños también tienen derechos, tienen dignidad y son peruanos esperando una oportunidad para progresar.
Las violaciones a nuestros niños no son solo un problema de ahora, solo que el clamor de ellos no le importa a nadie. Solo que el llanto de ellos no es tomado en cuenta por las autoridades. Son invisibles para todos. Son indígenas que no merecen que reclamen sus derechos, o son solo “indios” que no deberían estudiar. Pensamientos de supuestos profesores que llegan a las comunidades. Se necesita que esto cambie, se necesita limpiar las Ugeles de este flagelo y dejar que nuestros niños sean felices, disfruten su inocencia, aprovechen la oportunidad de la educación, necesitamos que la educación rural sea de calidad. Necesitamos que nuestros niños sean visibles.
Hablar de la educación rural, con una mirada desde la realidad de los niños y niñas de pueblos indígenas que viven en las cuencas amazónicas es la triste realidad, que necesita ser atendida por el gobierno de turno, no solo por la baja calidad educativa que se recibe sino por la vulneración de sus derechos, y por lograr una vida llena de paz, con el disfrute de su inocencia.
¿Qué se monitorea?
La realidad de este delicado tema en la zona rural, se ha normalizado por varios motivos: el docente forma el compadrazgo con las autoridades de la comunidad, la lejanía para presentar una denuncia, y el desconocimiento del proceso. Se suma a esto el poco interés de las autoridades de la UGEL, por sancionar al docente, quedando la idea de “son prácticas culturales” y ante eso se pretende normalizar estas situaciones. Las violaciones sexuales, el hostigamiento y el acoso sexual se dan en el medio rural con tanta naturalidad, que ya parece normal que un docente embarace y reconozca a un niño, producto de una vejación, sin que ninguna autoridad competente haga algo frente a estos delitos, sino más bien se los premia cambiando de escuela y realizando una permuta, una rotación, o una reasignación.
Mientras tanto ¿quién defiende a nuestros niños del medio rural, a estos niños de familias indígenas, que salen hacia la escuela con deseos de aprender, ilusionados en querer cambiar la realidad de las comunidades a través de la educación? Una educación rural, paupérrima, decadente, con profesores sin valores éticos y morales, profesores que se aprovechan de grandes y chicos, profesores en formación.
Solo se piensa en el profesor mas no en los niños, en esos peruanos que viven en las zonas de frontera, guardianes de nuestros recursos, guardianes de nuestra frontera. Necesitamos una educación humana, profesores que encaren el problema, conocer la realidad de la educación rural. Los programas del Estado muy pocas veces llegan a las zonas más alejadas, o quieren intervenir sin tener en cuenta el sentido del enfoque intercultural, muchas veces imponiendo sus conocimientos y la cultura occidental. Necesitamos cambios urgentes y que se actúe ya.