[ARTÍCULO] Discernir en el momento post-electoral

14 julio, 2021

[ARTÍCULO]

Discernir en el momento post-electoral

por Juan Miguel Espinoza, Magíster y licenciado en Historia por la PUCP

Nadie pondrá en duda que el escenario post-electoral ha puesto al país en una crisis que amenaza la democracia. Eventualmente, el Jurado Nacional de Elecciones proclamará los resultados, pero eso no garantiza que el país se pondrá en marcha fácilmente. La crisis político-institucional se arrastra desde antes de la pandemia y el nuevo gobierno cargará con eso. Por ello, es vital discernir cómo situarnos ante este nuevo momento político. En esto, las comunidades cristianas tienen un desafío pastoral concreto, que implica escuchar la realidad, pensarla a profundidad y comprometerse a reconstruir el tejido social dañado por la polarización electoral y la pandemia. Al respecto hay mucho para conversar, pero alcanzo dos pistas que me parecen relevantes.

Fraternidad y pluralismo

Lamentablemente, este tiempo electoral ha sido el reino del monólogo, donde la idea de verdad se subordina a intereses al extremo de imponerse una lectura de la realidad por su tono agresivo, fanático y altisonante, sin ninguna consideración por la argumentación y el sentido ético. Según Francisco, este estilo de comunicación “bloquea las puertas a los consensos a favor del bien común, porque encierra a cada uno en sus ideas, intereses y opciones, descalifica al adversario aplicándole epítetos humillantes y permite que intereses de poder manipulen el debate público” (FT 201). Es cierto que la polarización y la frivolidad políticas no son cosa nueva, pero sí han adquirido un nivel de intensidad que es insostenible.

En todo caso, estas circunstancias revelan la urgencia de una educación ciudadana que promueva la fraternidad y la amistad social (lo que nos une) y el respeto al pluralismo (lo que nos diferencia). Necesitamos recuperar la convicción de que, siendo una misma comunidad nacional, es legítimo y enriquece que tengamos distintas visiones sobre el Perú y la política. Y esto vale para la Iglesia también porque, como enseña Pablo VI, “una misma fe cristiana puede conducir a compromisos políticos diferentes” (OA 50). Las comunidades cristianas necesitan madurar para ser espacios de escucha, donde las distintas voces se encuentren, discutan y generen consenso a favor del bien común.

La irrupción del pobre, una vez más

El mapa electoral expresa que las poblaciones más excluidas optaron masivamente por la candidatura de Pedro Castillo y su visión crítica del actual sistema político-económico. Esto no debe llevarnos a idealizarlo como una opción perfecta, pues tiene muchos pasivos y limitaciones. Su desenvolvimiento político debe ser vigilado por la ciudadanía. Pero el resultado nos dice que los más pobres se han sentido representados por un maestro rural que sintoniza con sus frustraciones y esperanzas. No buscan dádivas económicas, sino que reclaman dignidad y representación política. Los pobres han irrumpido en esta elección, expresando su clamor de que la exclusión en el Perú ya no se aguanta más. En el año del Bicentenario, han posicionado una expectativa de cambio social, que necesita encarnarse en alternativas políticas concretas. A las comunidades cristianas les toca acoger, discernir y responder a este clamor.

El reto que tenemos es contribuir en la reconstrucción de un Perú golpeado y fragmentado por la pandemia, la lucha electoral y las desigualdades. Para orientarnos en ese camino, bien nos haría recordar las palabras del papa Francisco: “si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos” (FT 235).