La Amazonía: David contra Goliat

El Card. Pedro Barreto ha culminado su período como presidente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), cediendo la posta en la VI Asamblea General realizada en Bogotá en marzo. A pesar de dejar el cargo, él se sigue sintiendo vinculado a la Amazonía y nos comparte su visión del camino avanzado y los desafíos pendientes.


¿Cómo ha sido la experiencia de la Asamblea de la CEAMA?

Para mí ha sido una sorpresa muy grata que se confirma desde la reunión que tuvimos en agosto del año pasado con los más de 90 obispos de la Amazonía, lo cual indica que hay continuidad en trabajar articuladamente.

Cada Conferencia Episcopal nombró un obispo, un sacerdote, una religiosa y dos laicos, uno de ellos indígena. Hemos sido alrededor de 60 delegados con derecho a voz y voto, representantes de nueve países que están presentes en la Amazonía.

Además, asistieron representantes de cuatro dicasterios de la Santa Sede: Desarrollo Humano Integral, Culto Divino, Comunicaciones y Evangelización. También estuvo un representante del Secretariado General del Sínodo. Esta representación es una confirmación de que somos una Conferencia Eclesial, en articulación con el papa León XIV.

¿Cómo fue la elección de la nueva presidencia de la CEAMA? ¿cómo ve este relevo?

Lo más importante a resaltar de la nueva presidencia es que el presidente es el Card. Leonardo Ulrich Steiner, único cardenal presente en territorio amazónico, arzobispo de Manaos; y los cuatro vicepresidentes tienen raíces indígenas.

Por primera vez hay una representante laica de Guyana, que es maestra. También está un líder indígena de Bolivia, con gran experiencia; una religiosa de Brasil que vive en Manaos, pero que nació en la Amazonía; y un sacerdote peruano, el padre Jesús Huamán del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, él tiene raíces quechuas.

Usted me comentó que deja la presidencia, pero no deja la Amazonía, ¿qué rol cumplirá ahora?

Hay una razón muy personal porque mi vocación la descubrí a partir de ver, a los 15 años de edad en el Colegio de la Inmaculada, a unos misioneros jesuitas que eran acompañados por indígenas awajún wampis. Es esa imagen de los indígenas la que me lleva a iniciar un proceso de discernimiento. Yo sentía que Dios me pedía servir a estos hermanos que me parecían extraterrestres por su vestimenta, por sus colores. Yo había nacido en Lima y por tanto para mí era desconocido.

Dios me ha concedido esta gracia, siendo jesuita y también como obispo, de trabajar por la Amazonía. Por eso, para mí es definitivo, no dejo la Amazonía porque está no solamente en mi corazón, sino también en el fundamento de mi discernimiento vocacional.

Ahora, ¿en qué manera? Primero, no voy a estorbar. Daré cualquier apoyo que me pida la Amazonía para transmitir esta opción de la Iglesia por los pueblos amazónicos, esta Iglesia que quiere comprometerse con los más pobres, una Iglesia que quiere convertirse a una ecología integral donde se respete la vida, nuestra casa común. Esto me parece muy importante porque queremos ayudar y todos somos corresponsables de crear y construir una Iglesia con rostro amazónico. Esto es lo que deseaba también el papa Francisco.

Luego de estos años de recorrido, ¿cuál cree que es el mayor desafío que enfrenta la CEAMA?

Un desafío muy grande es la gran extensión, pero se cuenta con la Red Eclesial Panamazónica, con el Programa Universitario Amazónico y con una Red de Educación Intercultural Bilingüe Amazónica. Todos son frutos de este árbol que es la CEAMA.

El Papa León XIV, en su mensaje inicial a la Asamblea, puso el ejemplo del shihuahuaco, un árbol que crece muy lento, pero dura mil años, y en sus ramas se anidan las aves. Él nos decía que al principio parece muy frágil, pero va creciendo. Esto es lo más importante y el desafío, que siga creciendo.

Otro desafío es la defensa irrestricta de la vida, de los derechos humanos y la protección del territorio. Es como David y Goliat. Todos los organismos sinodales de la Iglesia en la Amazonía son muy frágiles, como David, pero confiando en el Señor tenemos que luchar contra este gigante del poder económico que quiere arrasar no solamente la naturaleza, sino también destruir el don de Dios que es la vida.

Y, ¿cuáles cree que han sido los logros en estos seis años?

Lo primero es que hemos ido creciendo como Conferencia Eclesial de la Amazonía, creciendo en escucha y en estar atentos a lo que sucede. Teníamos que aprender a escuchar las voces del territorio, aquello que Francisco decía: escuchar los gritos de los pueblos y los gritos de la naturaleza.

Lo segundo es que hemos avanzado mucho en el discernimiento. La metodología que se ha utilizado desde el Sínodo de la sinodalidad, la conversación en el Espíritu, la hemos aplicado en el encuentro con los obispos amazónicos de agosto del año pasado y en esta VI Asamblea de la CEAMA. Esto da un ambiente de hermandad, de diferencias, pero la unidad nos la da Jesús, en comunión con el papa León XIV.

¿Cómo surgieron los cuatro horizontes plasmados en la hoja de ruta 2026-2030?

Estos cuatro horizontes responden a lo que el documento de Aparecida pedía en 2007: un plan pastoral de conjunto para toda la Amazonía, lo cual no era fácil por la diversidad. Lo que sí veíamos necesario era tener cuatro “claves” para que cada obispo, en cada iglesia local, las pueda aplicar. No es hacer una fórmula para toda la Amazonía, pero sí horizontes pastorales sinodales.

Estos horizontes surgieron de un largo proceso de escucha al territorio. Una consultora especializada, Alicia Covaleda de Colombia, realizó un trabajo muy importante. El documento es fruto de un proceso de discernimiento y, en los últimos meses, la presidencia y otras instancias de la CEAMA, hemos ido puliéndolo; incluso en la Asamblea se tuvieron algunos espacios para precisar.

Ha sido como un proceso sinodal propio de la CEAMA…

Así es, y en los próximos años se verán los frutos de cómo se va creciendo en la articulación.

El Papa Francisco decía que la CEAMA es un laboratorio para toda la Iglesia Universal. La Amazonía tiene 7 millones de kilómetros cuadrados y más de 350 comunidades indígenas, otras 100 o 120 comunidades no contactadas, con 240 lenguas propias de los pueblos indígenas, aparte del francés de Guayana Francesa, el holandés de Surinam, el inglés de Guyana y del portugués y castellano. Es decir, la Amazonía es un espejo de lo que pasa en todo el mundo.

No solamente estamos respondiendo al documento de Aparecida, también a los documentos de orientación pastoral del Concilio Vaticano II. En teoría, no es un camino nuevo, pero en la práctica sí lo es. Recién estamos poniendo en práctica la eclesiología del Concilio Vaticano II. En este sentido quiero hacer referencia al Instituto Bartolomé de Las Casas, que ha sido la llama que ha ido manteniendo en el tiempo esta gracia especial que supuso para la Iglesia, en su proceso de renovación, este Concilio.

Entrevista realizada para la Revista SIGNOS N° 4 – abril 2026

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