[Editorial] Generar espacios de resistencias, esperanzas y anhelos de justicia

Hemos conmemorado el 28 de julio en medio de una crisis política que nos desafía como ciudadanos. ¿Cómo celebrar un año más de vida “independiente” en medio de la tragedia de tantas personas en las diferentes latitudes de nuestro país? Aunque la respuesta no es fácil de elaborar, describiremos tres hechos que nos permitan retratar (1) la crisis ahondada e intensificada por el discurso de Dina Boluarte; (2) la esperanza sembrada y suscitada por la misa y Te Deum del arzobispo Carlos Castillo; y (3) el anhelo de justicia producido por los movimientos sociales en el Perú.

En primer lugar, la crisis se sigue exacerbando. El discurso de Dina Boluarte no sólo fue extenso y dilatado sobrepasando las 3 horas; sino además destinado a hablar de inversión de “millones de soles”, a negar su participación decisiva como vicepresidente en el incompetente y corrupto gobierno de Pedro Castillo y a olvidar (o maquillar) la convulsión social y política que está sucediendo en el país producto de las masacres cometidas, donde se deberá investigar su participación. Como si se tratara de dos historias paralelas: la historia de la política de la presidenta Dina Boluarte y la historia de quienes sufren no solo por la precariedad en educación, salud y seguridad; sino también porque no se les permite reclamar justicia por sus seres queridos. Lamentablemente, Dina Boluarte intenta ocultar la historia y/o reinventarla con falacias generando más crisis.

Frente a lo anterior, en segundo lugar, la esperanza sembrada por la iglesia al abordar la vulnerabilidad de las personas en la Misa y Tedéum el 28 de julio. El arzobispo Carlos Castillo le recordó a la presidenta, al consejo de ministros y a los parlamentarios de las diferentes bancadas que un verdadero dirigente se debe preocupar por los que más sufren y no se ensimisma en los intereses individuales a costa de los más vulnerables. Por un lado, refiriendo a la historia de dominación de Israel a manos de sacerdotes y aristócratas saduceos cómplices del imperio romano mostró que las autoridades actuales están gobernando sin misericordia; y, por otro lado, aludiendo al profeta Isaías (9, 1-3. 5-6) expresó que el pueblo peruano está siendo vejado y abatido por las autoridades. En palabras del arzobispo de Lima: “la iglesia no puede quedarse callada”.

En tercer lugar, el anhelo de justicia (resistencia) no se encuentra en otro lugar que en la población. Las movilizaciones sociales se desataron no solo el 19 de julio en 64 provincias (Defensoría del Pueblo), sino también durante las últimas semanas de julio reclamando justicia por sus familiares y contra el gobierno autoritario, la represión, los pactos bajo la mesa del parlamento, entre otros; en el anhelo de justicia de nuestro país. Aunque se siga maltratando, violentando y reprimiendo el derecho a la libre protesta; la ciudadanía y su agencia son la única forma de revertir los espacios de opresión que desata el gobierno de turno.   

En resumidas cuentas, aunque la crisis sigue reforzándose por la presidenta Dina Boluarte, las acciones del poder ejecutivo y el poder legislativo; la esperanza se gesta desde la iglesia y el anhelo de justicia como resistencia vuelve a emerger desde la sociedad civil. Ellas han decidido no quedarse en silencio, pues han entendido que “el silencio te hace cómplice” (Francisco). Es momento de alzar la voz y generar más espacios de resistencias, esperanzas y anhelos de justicia en defensa de los más vulnerables ante la crisis que se sigue extendiendo y ahondando.  

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