[Editorial] Democracia y Sinodalidad

Acabamos de celebrar el 201 aniversario de nuestra proclamación de la independencia. Es importante tomar conciencia de que somos una república joven aún, los primeros 100 años fueron muy convulsionados y luego, a inicios del siglo XX se comenzaron los primeros esfuerzos de pensar el país en su conjunto con Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui y Víctor Andrés Belaúnde, que luego dieron lugar a la conformación de los partidos políticos tradicionales de hoy en día que están en decadencia.

En nuestro editorial anterior hacíamos el llamado a volver a lo esencial, a las fuentes, pues las crisis nos exigen revisar lo que venimos haciendo para plantear nuevas alternativas que nos permitan ver horizontes distintos.

En Perú y América Latina, nos encontramos en profundas crisis políticas y, por tanto, en un momento fundante de articulación y nuevas propuestas. En casi toda la región compartimos, en promedio, los 200 años de vida republicana y las luchas por la democracia de los últimos 30 años.

Un aspecto que podemos rescatar de nuestros primeros pensadores peruanos, que mencionamos inicialmente, es su gran preocupación por integrar las regiones del país. En su época, lo más conocido era la costa y la sierra, y desde estas dos realidades elaboran sus propuestas, la selva era aún inhóspita.

En el Perú de hoy no sólo se conoce más a la costa, sierra y selva, sino que hay más conciencia de su diversidad cultural, lingüística, gastronómica, etc. Tenemos la gran posibilidad de consolidar una democracia que pueda integrar toda esa diversidad.

Estamos en un momento fundante y el reconocimiento de nuestra amplia pluralidad es el elemento que nos desafía y marca una distancia con las primeras aproximaciones de nuestros pensadores del siglo XX.

Quizás esta nueva democracia ya no se mueva por grandes pensadores sino por el esfuerzo colectivo de varios movimientos en el que cada uno aporta una visión particular al conjunto. Una nueva democracia construida desde las bases de la sociedad civil organizada, una democracia que regresa a sus fuentes porque va surgiendo de una construcción colectiva.

De manera paralela, desde la Iglesia Católica, con el Magisterio del Papa Francisco, se ha iniciado una nueva etapa con el llamado a la Sinodalidad, volviendo a sus fuentes, a los tiempos iniciales.

La palabra Sínodo viene de una raíz griega que significa “un mismo camino”, y si bien el Sínodo de obispos se ha celebrado en los últimos tiempos como una reunión de obispos y bajo la autoridad del Papa, ha rescatado sus fuentes en el llamado a la sinodalidad, reconociendo que el camino es de todo el pueblo de Dios, y desde allí se renovará la Iglesia.

Si bien la construcción democrática y el llamado a la sinodalidad son procesos peculiares, comparten la valoración por la colectividad y desde allí se pueden encontrar inspiraciones que retroalimentan la construcción democrática.

En referencia a esa valoración por la construcción colectiva, vale recordar la homilía del Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo, el 28 de Julio, en la que indicó que “la causa de nuestro pueblo peruano, “que Dios defiende”, es el bien común de todos. Ningún peruano está de sobra, todos somos importantes, y más importantes son los vulnerables”.

Por eso, el llamado que él nos hace a todas y todos, más aún a los cristianos, es a inaugurar una era de “rectificación definitiva del falso orden inventado por poderes tiranos, ideologías y religiones encubridoras que endiosaban al gobernante para que dominara sin medida al pueblo sencillo, cuando debía defenderlo porque provenía de allí”. Es el servicio el que debe inspirar al gobernante, sólo en esa lógica aprenderá a actuar en forma justa, prístina, efectiva y creíble, nos señala el Arzobispo.

Compartir Artículo

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on linkedin
Compartir en Linkdin
Share on whatsapp
Compartir en WhatsApp