Una verdad que libera: Los abusos en la Iglesia

Por Glafira Jiménez

¿Abusos en la Iglesia Católica también en Perú? A esta pregunta ha respondido la publicación de tres noticias que nos han remecido. Y, por primera vez, el Perú ha sido protagonista: la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana, el conocimiento del precepto penal impuesto al Cardenal Juan Luis Cipriani por acusaciones de pederastia y el pedido de la ONU de conformar una Comisión de la Verdad para investigar la pederastia en la Iglesia peruana. 

A lo largo y ancho del mundo se ha visibilizado la cruda realidad de las situaciones de abuso de diversos tipos en la Iglesia Católica. El diagnóstico es claro: encubrimiento y/o mala gestión. Sabemos, ahora, que se trata de una realidad antigua. Sin embargo, como institución la estamos enfrentando recientemente.

En 2014, el Papa Francisco crea la Pontificia Comisión para la Protección de Menores. En una Carta dirigida al Pueblo de Dios en 2018 arma: “Mirando hacia el pasado nunca será suciente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de hacer que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse”.

En 2019 se dan algunos pasos: (1) Carta Apostólica en forma Motu Proprio porque “es bueno que se adopten a nivel universal procedimientos dirigidos a prevenir y combatir estos crímenes que traicionan la conanza de los eles”; (2) se convoca a los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, se crea un fondo con el objetivo de ofrecer programas de capacitación que garanticen un mayor acceso a la formación y la asistencia a las víctimas, sus familias y las comunidades de las zonas más pobres del mundo y se insta a crear comisiones de escucha y prevención en todas las Conferencias y Diócesis.

En 2022, como parte de la reestructuración de la Curia Romana, la Ponticia Comisión es incorporada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe con una tarea: elaborar un informe preliminar. La tarea concluye diez años después. En octubre del 2024 presentan “un relato able de lo que la Iglesia está haciendo, y de lo que aún debe cambiar, para salvaguardar contra los abusos sexuales, ayudar a las autoridades a actuar y restablecer la conanza”. A este proceso, largo, responden las decisiones adoptadas en el Perú.

Hacia una solidaridad con las víctimas 

Las católicas y católicos en el Perú sentimos una profunda indignación, repulsa y condena. Ya no podemos quedarnos solo en la indignación. Hoy cada una/o escucha con un sentido de urgencia. Lo sucedido en el Perú es un “aviso” para todos y todas. Por primera vez, se ha disuelto a toda una familia espiritual. Es decir, se pone el aviso sobre la existencia de una dinámica perversa que alimenta la construcción y sostenibilidad en el tiempo de una estructura organizativa que favorece el abuso, la ocultación, la justificación, la complicidad, el silenciamiento y la impunidad.

En los últimos años se han realizado estudios e investigaciones interdisciplinares sobre los factores que influyen en esta dinámica, a la que todos y todas estamos expuestos y a la que hay que estar atentos; factores culturales (abuso de poder, racismo, normalización de la violencia), y eclesiales (clericalismo, relaciones jerárquicas rígidas en las relaciones y forma de comprender cómo ser Iglesia (Dafne Zapata y Claudia Neyra. Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Lima. 2024).

¿Qué verdad nos hace libres?
 En ámbitos cristianos, es habitual recurrir a la cita de textos bíblicos para fundamentar opiniones, acciones y juicios. La elección del texto bíblico en cuestión es importante porque en el mejor de los casos ilustra poco lo que queremos expresar, pero en el peor de los casos: contradice el mensaje bíblico. Es el caso del uso de la afirmación la verdad les hará libres.

La relación verdad y libertad evangélicas es un tema recurrente en el mensaje bíblico. Pero esta frase forma parte de un contenido más amplio: Si se mantienen fieles a mi palabra, serán realmente discípulos míos, conocerán/entenderán la verdad y la verdad les hará libres (Juan 8, 31-32). Por tanto, la sentencia bíblica “la verdad les hará libres” no es una afirmación, es una propuesta. Una propuesta cargada de promesa: yo estaré con ustedes (Mateo 28, 20) que exige una tarea, un compromiso, una acción.

La sentencia bíblica del evangelio de Juan apunta a desenmascarar esa verdad a medias, o sea, una mentira, que esclaviza personal, comunitaria e institucionalmente y condena a las víctimas a una permanente injusticia. Que la verdad nos haga libres tiene dos condiciones. La primera condición es mantenerse eles a la Palabra de Jesús y ser discípulos/as: cuando lo hicieron a uno solo de estos mis hermanos, a mí me lo hicieron (Mateo 25, 45). La segunda condición es conocer-entender las consecuencias de optar por esa Verdad sin filtros, sin sombras, sin ocultamiento, sin esos intereses y cálculos de riesgos donde las víctimas no sean primero.

Una verdad hace libre cuando se habla del daño infligido, cuando se acoge sin titubeos los dramas que se han mantenido en la intimidad por tanto tiempo; cuando hacemos nuestro el sufrimiento, la humillación y la vergüenza que han fatigado la vida de tantos hermanos y hermanas nuestras.

Para que no se repita

Una verdad que libera no solo se proclama, se hace vida, compromiso en acciones concretas de solidaridad honda y desafiante. Una verdad que libera tiene el rostro de la justicia: cura, restaura, repara y garantiza que no se repita. Que así sea.

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