Navidad, una huelga al consumo

Por Giovanna Apaza Márquez, docente PUCP – GIDHI

Se acercan las fiestas de Navidad, las calles se llenan de luces y los centros comerciales se agolpan de personas inquietas por comprar algún adorno o regalo que permita darle “identidad” a la festividad. ¡La ansiada Navidad está llegando! En este tiempo es pertinente preguntarnos ¿qué tipo de Navidad estamos celebrando? ¿la Navidad del dios dinero o la Navidad del Emmanuel, Dios con nosotros? Lamentablemente, la Navidad del consumismo va ganando terreno y distorsiona el sentido de estas fiestas. Paradójicamente, junto a esta cultura consumista convive la realidad de pobreza del Perú.

La problemática social del 2024 ha sido abrumadora, pero me gustaría evidenciar algunos datos que deben resonar e interpelar nuestro compromiso cristiano. Según el informe de la FAO 2023-2024, el Perú cuenta con un 51.7% de inseguridad alimentaria moderada, la más alta en Sudamérica, es decir, un poco más de la mitad de peruanos/as no puede cubrir sus alimentos lo que hace que la anemia persista; la tuberculosis, enfermedad que creíamos haber superado ha regresado, 1,2 millones de personas murieron por tuberculosis en 2023, cifra que probablemente se mantenga o aumente en 2024; a nivel educativo Unicef nos ofrece datos preocupantes, solo el 36% de los escolares entienden lo que leen y en el área lógico matemático solo el 11% sale aprobado; sumamos a esto la tragedia de la violencia e inseguridad que nos hace vivir en un constante temor y frente a todo esto un Estado ausente, ineficiente e indolente.

En este contexto será propicio preguntarnos ¿cómo decirle al pobre, al que sufre, a los descartados, a los que son tratados como no personas, que Dios los ama? ¿cómo decirles feliz Navidad? La respuesta la encontramos en la encarnación que afirma el compromiso irrevocable y la solidaridad irrenunciable de Dios con la creación y su historia, el Dios humanizado nace en Belén y nos interpela a reconocerlo en la fragilidad y debilidad.

Dios se ha hecho cercano al ser humano para reivindicar a todos los que la sociedad había despreciado y descartado, y recordarnos que poseemos la misma dignidad de hijas e hijos amados de Dios. Nos preguntamos entonces ¿la Navidad que celebramos es parte también de esta reivindicación de los que sufren?

El tiempo de Navidad debe ayudarnos a afinar los sentidos para escuchar el clamor de los que sufren. Vivir la Navidad de Jesús nos invita a fortalecer y sostener la fragilidad; aunque todo a nuestro alrededor quiera distraernos, es imperativo ser compasivos y trabajar por un mundo más justo y fraterno.

Como dice González Faus, “en estas fiestas pseudo navideñas los cristianos deberíamos hacer una huelga de consumo”, es decir, negarnos a seguir esta maquinaria consumista que nos distancia unos de otros y no nos permite ver lo esencial. A semejanza de los pastores debemos salir al encuentro de todo aquel que necesita nuestra ayuda y consuelo. Solo así será Navidad.

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