[Editorial] Mirada clara para tiempos difíciles

¿Qué actitud se espera de quienes estamos desde hace años en la oposición del nuevo gobierno elegido de Keiko Fujimori? Una pregunta muy difícil de responder, donde no hay respuesta correcta, pero que nos invita a reflexionar y no solo a reaccionar desde el enojo o la disconformidad. Es indispensable pensar y entender de cara al proceso político: ¿qué se está planteando? ¿qué está en juego? y ¿cómo eso afecta o no a los pobres?

En primer lugar, no se trata de sacar revancha o decir en forma simplista que todo va a estar mal o que estamos en el peor de los mundos. De hecho, venimos de un momento político donde tanto la gestión como el prestigio del Estado se han debilitado mucho. Entonces, el punto de partida que le toca al nuevo gobierno no es auspicioso, y éste no tiene una mayoría significativa y gobernará en un país que está fuertemente dividido. Además, la gestión estatal está muy débil y de baja calidad; como sabemos las oficinas públicas son vistas como lugares para ganar dinero y no para desarrollar políticas públicas favorables a las mayorías. Pero, al mismo tiempo, es conocido por todos que la mayoría de la gente necesita que los servicios públicos como educación y salud funcionen mejor, así como que se mejoren las vías de comunicación en muchos lugares, especialmente los más aislados. Adicionalmente es fundamental que se responda a tiempo y de manera eficaz al fenómeno de El Niño para salvar muchas vidas, tal como ha sido planteado.     

Así el anuncio de incrementar la gestión pública en estos campos supone echar a andar la máquina estatal, lo que podría ser bien recibido, pero ello implica contar con los gestores adecuados, algo que está por verse. Por otro lado, nos preocupa que se haya anunciado que los militares se ocuparán de la seguridad, cuando esa no es su función, lo que nos lleva a recordar tiempos de dictadura, que esperamos no sea el caso. 

En segundo lugar, es importante recordar que por muchos años hemos vivido pensando, con razón, que el fujimorismo representa una fuerza política negativa y contraria a lo que pensamos. Por lo tanto, esa fuerza política en el poder sería una catástrofe y que nada bueno puede venir de allí. Visto fríamente, ese es un pensamiento primario que, en vez de permitirnos ver el proceso actual, previamente nos puede nublar y cargar negativamente la mirada.

Entonces, quienes estamos en la otra orilla del gobierno actual necesitamos poner cabeza fría y una mirada que llegue lejos. Con lo dicho no pretendo que se deje de lado una postura crítica, pero sí la postura beligerante o ciega. Necesitamos asumir una posición que sepa identificar los alcances positivos de las políticas públicas, si los hubiera, especialmente de cara a los que lo necesitan. Y no una mirada fanática que sancione todo negativamente antes de que suceda, porque ello nos impedirá tener un juicio razonable. El fanatismo no construye país, ni una mentalidad crítica, y menos nos acerca a los pobres. Son tiempos difíciles donde está claro que, como ciudadanos, necesitamos discernir sobre todo aquello que hoy consideramos como la profecía autocumplida.

Editorial publicada en Signos N° 8 – agosto 2026

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