[EDITORIAL]
La universalidad de la compasión
Durante la misa multitudinaria en la base aérea de Las Palmas, el Papa Francisco le hizo un llamado a todos los peruanos y peruanas a rechazar “la globalización de la indiferencia”. ¿Por qué nos pidió aquello?
Francisco reconoció a esos “no ciudadanos” o “ciudadanos a medias” que viven en las periferias de Lima en condiciones de pobreza como en muchas otras grandes ciudades del mundo. Hoy, en medio de la pandemia que azota al mundo entero, nos pide abrazar la “universalidad de la compasión”.
Esa indiferencia que ha logrado que nos sintamos ajenos al dolor del otro, probablemente nos ha traído a este escenario en el que debemos afrontar una situación de emergencia con mucha desigualdad, con una gran cantidad de familias en pobreza o extrema pobreza, arriesgándose a enfermarse porque necesitan trabajar para tener algo que comer.
La universalidad de la compasión nos invita a intentar comprender este momento y verlo como una oportunidad para cuestionar el modelo de vida que nos distancia de nuestros vecinos, familias, amigos y comunidad y que no nos permite involucrarnos lo suficiente para denunciar las injusticias en nuestro país.

La corrupción es un atentado al bien común
Las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo han sido apropiadas y ejecutadas a tiempo, tomando en cuenta la precariedad de nuestro sistema de salud y las dificultades de gestión frente a poblaciones no registradas por el Estado o llamadas “informales”. Ahora, ¿se imagina usted cuánto hubiera ayudado que todo el dinero que ha perdido el Estado por corrupción se haya podido invertir en el sistema de salud estatal? Eso hace la corrupción, nos cuesta la vida y como cristianos no podemos ser indiferentes ante este flagelo que atenta contra el bien común.
Las cifras de contagiados en Lima por el coronavirus son las mas altas, esto se entiende por la magnitud de su población, sin embargo, es de gran preocupación lo que está pasando en nuestras regiones como Loreto, Piura o La Libertad golpeadas por grandes casos de corrupción, donde el sistema de salud es mucho más precario y ahora también están luchando contra otros problemas como el dengue en la Amazonía o los afectados de los desastres naturales en el sur del país.
Rompamos la indiferencia
En una entrevista para un medio de comunicación español, el papa Francisco declaró que en medio de esta pandemia, “es más importante el lenguaje de los gestos que el de las palabras”. Tengamos esos gestos de compasión con el prójimo, actuemos en coherencia con el bien común con total gratuidad y no olvidemos interesarnos por el otro no sólo hoy, también cuando pasemos esta situación de emergencia. Si algo debe cambiar en nuestro país con esta pandemia, es romper esa indiferencia para lograr mirar cerca y lejos y tener una práctica solidaria efectiva es busca de la justicia.