[Editorial] Superar los obstáculos

Los obispos del Perú, al finalizar su 126ª Asamblea Plenaria, han emitido un importante comunicado sobre la situación actual de nuestro querido país.  En el documento, nos invitan a todos y todas a comprometernos para superar este grave momento por el que atraviesa el Perú. Por eso, nos parece importante presentar brevemente los obstáculos que hoy encontramos para ello a nivel de los políticos, la sociedad civil y la población para ver cómo los podemos superar.

A nivel de la política las dificultades son varias: hay una gran fragmentación, con una total ausencia de liderazgos e instituciones que puedan convocar al conjunto. No ayuda tampoco la ausencia de una propuesta alternativa que asuma las demandas de bienestar, derechos ciudadanos y reconocimiento de la población. Por otro lado, el centro político ha desaparecido, siendo los extremos (tanto de derecha como de izquierda) los que toman hoy las decisiones políticas, sin tener en cuenta el bien común, sino sus particulares y mafiosos intereses. A ello se suma una gran debilidad de la oposición, que no es sostenida, sino más bien esporádica y desorganizada, y tiene poca capacidad de reacción.

Sin embargo, hay que reconocer que ha habido tres intentos de superar esta situación mediante la formación de la Plataforma por la Democracia (convocada por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos), la Iniciativa Democrática (por un conjunto de personalidades que planteó una Mesa de Diálogo con apoyo internacional) y la reactivación de la Coalición Democrática.

Por el lado de la sociedad civil encontramos gran cantidad de actores que se organizan para perseguir fines específicos: cuidado del medio ambiente, impulsar la perspectiva de género, defender los derechos de la niñez y adolescencia, combatir la trata de personas, luchar contra la corrupción, etcétera. Sin embargo, no buscan articular esas luchas específicas con la necesidad de superar la crisis nacional que hoy tiene diversas facetas: económica, social, política, moral, ambiental, etc. Además, en la mayoría de los casos existe una distancia muy grande entre las organizaciones populares y cívicas de la capital y las locales y regionales. Este divorcio entre Lima y el llamado por nuestro historiador Basadre “el Perú profundo” impide sumar fuerzas, que es lo que hoy se necesita con más urgencia.

Y en el caso de la población, todos sus recursos y tiempo físico y psicológico están centrados en la sobrevivencia; pues viven jaqueados tanto por la recesión económica como por el terrible aumento de la inseguridad ciudadana. Además, influye en su ausencia del escenario la sensación generalizada de que no hay alternativa. Pero, también hay que mencionar que muchos han sido ganados por la mentalidad neoliberal, que enfatiza que la solución es individual o por las diversas economías ilegales que cada vez tienen más presencia en el territorio nacional. En ambos casos se desvaloriza el esfuerzo colectivo en la solución de los problemas y la búsqueda del bien común; y, más bien, se privilegia y enfatiza el individualismo.

También, el asesinato de los 49 ciudadanos en las protestas de diciembre 2022 y enero 2023 por parte del Ejército y la Policía han infundido un gran miedo en la población, que los inhibe de movilizarse. Sobre esto último nos parece importante recordar lo que dicen los obispos “Las muertes no han sido aún esclarecidas. No se ha realizado una investigación efectiva y la necesaria reparación, creciendo la animadversión de las regiones más afectadas con el Gobierno” (n.12).

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