La vida vencerá

Por Juan Miguel Espinoza, profesor del departamento de teología en la PUCP

¿Cómo hablar de la fe pascual en un contexto desesperanzador, que genera desorientación, frustración y apatía en tantas personas a nivel global y nacional? ¿El triunfo de Cristo frente a la muerte no es un concepto vacío, ingenuo o triunfalista ante tanta violencia que corroe nuestro mundo? En tiempos de desolación colectiva, como el que hoy vivimos, estas preguntas emergen y toca encararlas. Afortunadamente, el misterio de Cristo crucificado y resucitado no es un cuento de hadas, sino una historia de carne y hueso con la capacidad de despertarnos del letargo y abrir caminos personales y colectivos de salvación y esperanza. Permítanme compartir tres temas que ojalá sirvan como provocación para reflexionar en comunidad sobre cómo el camino con Jesús por su pasión, muerte y resurrección nos ilumina para navegar por el aquí y ahora en clave pascual.

Una vida entregada salva la historia

El abuso del poder y la prepotencia abundan hoy, así como la apatía que evade la realidad para intentar sobrevivir en medio del caos. En contraste, Jesús nos presenta un modelo distinto. Sabiendo que su vida corría peligro, la liturgia del Jueves Santo nos dice que Jesús decidió “amar hasta el extremo” (Jn 13,1), llevando a su clímax su actuar lleno de amor. Lava los pies a sus discípulos confirmando que el poder está para servir a la comunidad. Y, en la última cena, Jesús se nos ofrece como pan partido entregado para cuidar la vida y como cáliz de vino que alegrará la fiesta cuando el reinado de Dios se instale definitivamente. En Jesús, encontramos el rostro vivo de una cultura del cuidado y del encuentro tan necesaria para salvar nuestra historia de la fuerza de la cultura del descarte y de la división.

“Yo he hablado abiertamente al mundo” (Jn 18,20)

Así responde Jesús al interrogatorio del sumo sacerdote Caifás, quien busca la sinrazón para inculpar falsamente al profeta de Nazaret. Jesús no tiene nada que ocultar, pues ha hablado con franqueza sobre su visión de la sociedad que habita y ha alentado a las personas a reflexionar y actuar para que las cosas sean mejores. Por eso, no se amilana ante sus jueces. Sabiéndose inocente, defiende su dignidad y la autenticidad de su misión. Ni la crueldad de sus verdugos es capaz de quitarle su humanidad. Así, Jesús nos recuerda que, incluso ante la pasión, tenemos la opción de actuar con integridad.

Resistir la violencia

Detrás de la crucifixión de Jesús está el viejo mecanismo del chivo expiatorio: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo” (Jn 11,50). Así como con Jesús, la historia de la humanidad está repleta de crucificados bajo el nombre de esta religión sacrificial. La fe pascual, en tanto triunfo del Dios de la vida sobre la muerte, impulsa a no normalizar la violencia, sino rebelarse contra ella. El crucificado ha sido resucitado por Dios asegurando que las víctimas recibirán justicia. Los seguidores de Jesús resucitado estamos llamados al compromiso con la defensa integral de la vida, así como lo hicieron las mujeres que salieron al alba hacia la tumba de Jesús. Dolidas e indignadas por la crueldad impartida contra Jesús, trascendieron el miedo y la desolación, atreviéndose a salir para embalsamar su cuerpo. Con ese signo de vida frente al horror del sufrimiento injusto, estas mujeres testimonian que el amor es más fuerte que el mal, que, a pesar de todo, la vida vencerá.

Compartir Artículo

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Linkdin
Compartir en WhatsApp