La Semana Santa y la creación

por Silvia Cáceres, equipo de teología del Instituto Bartolomé de Las Casas

La Semana Santa es un tiempo en el que las comunidades cristianas hacemos memoria de la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, acontecimiento que se inserta en la historia de las promesas del Dios de la vida que crea, sostiene y renueva su creación para una fraternidad universal, como recuerda el papa Francisco citando la carta de Pablo a los colosenses: «Dios quiso que en él residiera toda la plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo” (Col 1,19-20) (LS 100). Los textos del Segundo Testamento nos narran el testimonio de las primeras comunidades cristianas y su fe en la resurrección de Jesús como obra de Dios que ratifica sus promesas de vida frente a la muerte y el sufrimiento injusto.

Teniendo en cuenta esto, hacer memoria de la resurrección de Jesús nos invita a renovar nuestros compromisos ecológicos y el cuidado de la creación teniendo como horizonte el futuro que el Dios de la vida promete, un futuro donde existan nuevos cielos y nueva tierra en los que habite la justicia (2Pe 3, 13). Pero es necesario considerar que caminar hacia ese horizonte de plenitud y justicia, de vida que vence a la muerte, implica, de manera radical, comprometerse en la lucha contra el sufrimiento injusto y la realidad de la cruz desde la compasión y la solidaridad con quienes son víctimas de la injusticia hoy, los pobres y la tierra. El calentamiento global, la extinción de especies, los constantes derrames de petróleo en la Amazonía, la deforestación, la vulneración de derechos de los pueblos indígenas, etc., son realidades de muerte que ineludiblemente deben ser rechazadas por todo creyente. Se trata de acercarse y dejarse afectar por esta realidad crucificada, de escuchar y sentir el dolor de la creación y de los pobres para ir a la raíz de la crisis socio-ambiental desvelando las causas que la generan para transformarlas.

Con su resurrección, Jesús nos invita a vivir como hermanos y hermanas, entre todos y con todo lo creado: “para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: Todo fue creado por él y para él (Col 1,16)” (LS 99). Que hacer memoria de la muerte y resurrección de Jesús nos movilice a vivir nuestra fe de una manera encarnada, a “plantarnos y aferrarnos a la tierra” (QA 31) para ser soplo de vida y testigos de resurrección que viven y construyen la fraternidad de manera universal y con toda la creación.

Compartir Artículo

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on linkedin
Compartir en Linkdin
Share on whatsapp
Compartir en WhatsApp