[Editorial] Signos de esperanza

Empezamos el 2024 con el dolor de recordar la tragedia que el Perú vivió durante ­fines del 2022 e inicios del 2023; pero también con la esperanza de reconocer que muchas organizaciones y colectivos con diversos esfuerzos no descansan para reclamar justicia. Por ello, este editorial intenta plantear la ruta que, aunque empieza en la tragedia, camina hacia la esperanza.

Este mes, el 9 de enero, recordamos la masacre que ocurrió en Juliaca, Puno. Masacre que hirió a 108 personas, violentó a una región y causó la muerte de 18 ciudadanos peruanos que denunciaban con justicia que el gobierno de la presidenta Dina Boluarte era ilegitimo, autoritario y violento.

Este dolor que hoy trasciende en nuestras sensibilidades ha sido flagelado por la indiferencia de nuestras autoridades. En otras palabras, el actual gobierno no solo violentó los derechos de nuestros compatriotas; sino que lamentable[1]mente sigue constantemente violentándolos con su indiferencia y negando que todas y todos somos ciudadanos.

 Este recuerdo no solo sigue opacado por la mayor parte de medios de comunicación que agendan temas super­ficiales o de “entretenimiento”, sino también por la indiferencia e inefi­cacia de nuestros políticos de turno que se focalizan en agendas particulares para benefi­cios individuales e intereses de grupos. Se prioriza la trama del personaje o la familia en la política y, a su vez, se olvida de quiénes son los realmente afectados y perjudicados. Más interesa la comidilla política que las causas de la pobreza y desigualdad que generan enfermedades. Actualmente, no importa la prevención, preparación, equipamiento e institucionalización de nuestros centros de salud ante posibles olas de Covid-19, epidemias en zonas vulnerables o posibles desastres por el Fenómeno del Niño.

¿Nos hemos acostumbrado a una cultura de la videopolítica y del entretenimiento en vez de reconocer el dolor por nuestras y nuestros hermanos de diferentes regiones del país? Aunque la respuesta en el Perú es en un buen sector de la población que sí, también es importante reconocer que existen desde entonces muchas movilizaciones que se han desplegado alcanzando un número nunca antes visto en protestas en el Perú (Defensoría del Pueblo).

En ese sentido, el número reiterativo de protestas, la variedad de ciudades donde se protestó y la convocatoria masiva que en varios momentos del 2023 se desplegó en diferentes regiones (Puno, Ayacucho, Huancavelica, entre otras) son el signo de esperanza que debemos visibilizar.

Así como debemos reconocer la variedad de demandas de cada grupo que se moviliza, en ellas encontramos un principio más o menos compartido: y es que ¡es importante cada ser humano en nuestro país y, principalmente, las personas que más sufren! También es necesario señalar que, si una persona sale a marchar, arriesgan[1]do su propia vida por el bien común, entonces es un signo de Dios en nuestra historia.

Finalmente, al recordar que la tragedia solo puede retomar el signo de esperanza si asumimos y rea­rmamos nuestro compromiso por quienes sufren como una consigna de vida.

En este contexto difícil, pero en el que estamos llamados a ser signos de esperanza, es fundamental recordar que el Instituto Bartolomé de la Casas (IBC) cumple 50 años de vida comprometida con los excluidos y más vulnerables, tratando de ser una luz en medio de las tinieblas.

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