Que todos, todos, todos podamos decir ‘Laudato Si’

Por Isabelle Quezada 

Hace diez años, el Papa Francisco dejó un mensaje al mundo. Ante el agravamiento de la crisis climática, colocó en el centro la cuestión ecológica y abordó esta problemática desde el concepto de ecología integral como paradigma de acción y conversión social para la protección y defensa de la Tierra. Este enfoque considera la conexión intrínseca que tenemos los seres humanos con la naturaleza como entorno que nos rodea y nutre. Reconoce en ese sentido que la degradación medioambiental es también una degradación social y que no existen dos crisis separadas, sino una única crisis socioambiental. Es entonces a partir de esa interdependencia identificada que se propone un nuevo relacionamiento y forma en que convivimos y compartimos los abundantes bienes de nuestra casa común. Este llamado que se hace desde la iglesia a todas las personas de buena voluntad coloca en el centro un compromiso socioambiental con una transformación del modelo tecnocrático que explota y vulnera no sólo nuestro entorno, sino nuestra propia humanidad.  

Hoy, ese llamado sigue más vivo que nunca. La destrucción y pérdida de los ecosistemas, el calentamiento global, la escasez del agua, los asesinatos a líderes indígenas en defensa de sus territorios, entre muchos otros signos colocan en cuestión nuestras formas de vida actuales. ‘Laudato Si’ nos recuerda entonces la urgencia de responder y actuar ante este clamor de la tierra herida, y de las personas que junto a ella sufren sus dolores. 

Esta reflexión trasciende así la dimensión teórica y del discurso: plantea una ruta de conversión ecológica desde la acción política, económica, educativa y espiritual para la transformación de nuestros estilos de vida y las estructuras que generan desigualdad y destrucción ambiental. Desde ella, se ha impulsado una serie de iniciativas que implementan acciones concretas en los territorios y recogen propuestas para integrar la ecología integral en la práctica cotidiana de las comunidades, y con ello generar un impacto global. El alcance de ‘Laudato Si’ no se reduce entonces a la conservación de la naturaleza y al ámbito ambiental solamente. El paradigma de la ecología integral que desarrolla tiene implicancias éticas, políticas e institucionales. 

Al celebrar estos diez años de un largo camino abierto por la encíclica, nos encontramos con un sistema que perpetúa una lógica extractivista y de consumo desmedido y sacrifica territorios y comunidades en nombre del crecimiento económico. Es fundamLental por ello recuperar la noción de bien común y entender que no hay futuro sin un cambio estructural. No obstante, existe un avance progresivo en la toma de conciencia colectiva sobre la responsabilidad individual e institucional ante el cambio climático que no debemos permitir que retroceda. En el ámbito internacional, por ejemplo, se llevará a cabo en noviembre la COP30 en territorio amazónico. El presidente designado de esta cumbre climática, André Aranha Corrêa do Lago, reconoció en su segunda carta dirigida a la comunidad internacional el valor la ‘Laudato Si’ y anunció la adopción de la encíclica como “brújula ética y guía pragmática” en esta fase preparatoria para orientar una nueva fase de movilización global frente a la crisis climática. La recepción inicial de este proyecto a escala global es un signo que genera grandes posibilidades para fortalecer las iniciativas transformativas que se han impulsado a lo largo de estos años, y responder consecuentemente a la indiferencia, pasividad y estatismo que ha marcado la agenda climática. 

Tenemos por delante el gran reto y compromiso de continuar el legado que ‘Laudato Si’ nos deja y perseverar en esta lucha para enfrentar la crisis climática con justicia, solidaridad y esperanza. Que este decenio nos permita mantener vivo y renovar nuestro compromiso comunitario y proyecto de vida sostenible en armonía con nuestro planeta, y así todos, todos, todos podamos decir verdaderamente: Laudato Si.

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