Lo sagrado y lo profano

Por José Luis Franco, teólogo e integrante del IBC

La reciente polémica suscitada a partir del eventual estreno de una obra teatral cuyo afiche principal denotaba la imagen de un hombre travestido como la Virgen María, generó una serie de reacciones que me condujeron a reflexionar nuevamente respecto a la transgresión de lo sagrado como causante de conflictos.

Sin embargo, este artículo no pretende ahondar en dicha controversia específica, sino en enfocarnos en la exploración de temas más espinosos que surgen de esta discusión, así como en los límites entre la libertad de expresión, la tolerancia y el respeto a los elementos de culto. Porque cuando nos referimos al culto o a los símbolos de una religión determinada, nos sumergimos en un espacio de amplia subjetividad y sensibilidad. La religión no es únicamente conceptos sino también, aunque normalmente lo olvidamos, emociones.

La violencia a lo sagrado

En diversas ocasiones lo sagrado ha sido motivo de violencia cuando se daban los casos de dominación de un pueblo sobre otro, como apoderarse de una estatua divina para obtener su favor en detrimento del rival, o con la destrucción del ídolo, cuestión que se repitió durante el proceso de conquista europea en las Américas. La violencia igualmente reverdece cuando no se vive el culto conforme a sus normas. Y también debemos ser conscientes de otros modos de violencia hacia lo sagrado, como la incoherencia entre la palabra y la praxis.

Libertad de expresión vs. vivencia de la fe

La libertad de expresión es un pilar fundamental en las sociedades democráticas y es preciso defenderla, pero también su ejercicio irresponsable puede chocar con sensibilidades religiosas y culturales. ¿Dónde se trazan los límites? ¿En qué punto una obra de arte deja de ser una expresión legítima y se convierte en una ofensa? Para millones de cristianos (especialmente en el plano católico) la imagen de la Virgen merece veneración y respeto. Por ende, cuando se trata de elementos sagrados el respeto puede demandar un trato más cuidadoso. ¿Cómo podemos entonces equilibrar la necesidad de tolerancia con la defensa de la libertad de expresión artística?

Ha sido una constante en la historia de la humanidad que el arte se torne transgresor, lo cual es totalmente válido, pero si aspiramos a influir en los demás o incluso a cuestionar nuestras vivencias y puntos de vista, debemos aprender a tender puentes con creatividad y no marcar desde un inicio un divorcio que agrieta esa posibilidad de encuentro y diálogo. El pontificado del Papa Francisco ha manifestado modelos de cambio, proponiendo un mayor espacio para la mujer, apertura hacia los colectivos LGTBI, condenando la pedofilia dentro del clero y planteando una nueva forma de relacionarse a través de la sinodalidad, entre otras cuestiones. Casualmente, la Iglesia Católica ha sido percibida normalmente como una institución rígida e inflexible, acostumbrada a ser argumentada desde diversas aristas, pero especialmente desde el arte y sus nuevas y diversas reinterpretaciones. Sin embargo, es justamente la que está denotando en los últimos años más muestras de renovación y apertura.

¿Hacia dónde llevar el debate?

No creo que la banalización de lo sacro constituya el método más apropiado para que nuestras voces sean escuchadas. La censura tampoco es el camino. Reitero que es preciso encontrar medios más creativos para acercarnos a quienes piensan distinto, sobre todo porque en estos tiempos nos movemos en un ambiente de fuerte radicalización. Por ello, si nuestra pretensión es cuestionar determinadas formas de pensar o creer, hagámoslo sin dividir, sino fomentando un diálogo más enriquecedor y respetuoso en torno a la creación artística y la vivencia de lo religioso. Ojalá tras esta polémica desatada se pueda forjar un espacio para el diálogo, reflexionando acerca de lo sucedido y no tachando al otro como perpetrador de un acto imperdonable. Solo interrogándonos a nosotros mismos podremos avanzar en la comprensión de lo sagrado y lo profano, y de alguna forma, en un entendimiento de la vida misma.

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