[Editorial] Abrir nuevos caminos

El 2025 nos encuentra en una gran encrucijada como país, con múltiples retos. Si bien se espera un crecimiento similar al del 2024, de aproximadamente 3% del PBI, no hay indicios de mejora en las economías de los hogares peruanos, que afrontan una gran inseguridad alimentaria (51% según la FAO) y cuyos ingresos han disminuido en promedio 10% desde la pandemia. Por otro lado, la gran incapacidad de gestión del gobierno impide que los hogares tengan un adecuado acceso a servicios básicos de calidad en educación, salud y seguridad ciudadana.

En el 2024 tuvimos varias emergencias ambientales: incendios forestales, sequías e inundaciones, respondidas con una total inacción por parte de las autoridades responsables de remediarlas. Se prevé que en el 2025 también tengamos que afrontarlas. Por ello, es importante la organización de la sociedad civil, no solo para minimizar sus impactos, sino también para exigir a las autoridades que asuman su responsabilidad al respecto.

Por otro lado, entramos a un año preelectoral, en un contexto enrarecido por la consolidación de una coalición corrupta, mafiosa y autoritaria que nos gobierna y que busca perpetuarse en el poder, por lo que hará todo lo posible por controlar el proceso electoral del 2026. Si bien hay un unánime rechazo a esta coalición (94% desaprueba la gestión del Congreso y 90%, la gestión de Boluarte), así como también en el masivo apoyo a las protestas ciudadanas (87% según el IEP), ello no se refleja en una activa participación ciudadana que busque remontar esta situación. Muchos ciudadanos y ciudadanas, al no percibir propuestas ni liderazgos alternativos, optan por la salida individual de migrar. Una encuesta del IEP señala que el 57% se iría del país si pudiera, cifra que aumenta a un 76% en la juventud. Actualmente hay 3´500,000 peruanos que han migrado, lo que representa el 10,3% de nuestra población.

Por ello, nos parece que el principal reto que nos presenta el 2025 es generar razones de esperanza desde donde estemos. No hay que escatimar ningún esfuerzo, por más pequeño que nos parezca, para lograr sumar fuerzas que nos permitan abrir nuevos caminos de honestidad, justicia, equidad y sostenibilidad en el país. Recordemos lo que nos dijo el Papa Francisco cuando nos visitó en el 2018: “Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos (…) e invita a involucrarnos como fermentoallí donde estemos, donde nos toque vivir, en ese rinconcito de todos los días” (Las Palmas, 21 de enero del 2018).

Lo mismo se afirma desde las Ciencias Sociales: John Hollowayseñala que “el cambio social es resultado de la transformación apenas visible de las actividades cotidianas de millones de personas (…) miremos las fuentes de esperanza, el millón de intentos por romper con la lógica de la destrucción (…) es mejor reconocer la miríada de formas de lucha y buscar formas de conectarlas”[1].


[1] Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo  (Lima, Programa Democracia y Transformación Global-Herramienta ediciones, 2012) pp.37,38 y 234.

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