Una agenda de respeto a la vida que ha nacido desde las periferias

5 noviembre, 2019

[EDITORIAL]

Una agenda de respeto a la vida que ha nacido desde las periferias

 

La Iglesia ha acudido al llamado de los pueblos indígenas de toda la Amazonía. El camino sinodal que incluye en el recorrido no solo las tres semanas de discusión en Roma, sino también las asambleas previas en toda la Panamazonía, ha dejado una huella imborrable para la Iglesia y el mundo.

Con la misa de clausura del domingo 27 de octubre, hemos pasado de conocer la precariedad en la que viven nuestras comunidades indígenas de la Amazonía, desde sus propias voces, para iniciar la búsqueda de “nuevos caminos para la evangelización de la Iglesia y para una ecología integral”, como lo ha dicho Francisco. Hoy tenemos en nuestras manos el Documento Final del Sínodo de Obispos para la Región Panamazónica, un recurso sumamente importante que ha sido resultado de todo este trabajo hecho con gran esfuerzo. Entre los principales temas, expone lo discutido sobre la misión, la inculturación, la ecología integral, la defensa de los pueblos indígenas, el rito amazónico, el papel de la mujer y los nuevos ministerios, especialmente en las zonas con difícil acceso a la Eucaristía.

 

Ecología integral, preocupación histórica
Desde hace mucho tiempo atrás, la Iglesia ha sentido preocupación por los atentados medioambientales. Con los años hemos visto que el discurso ecológico en la Iglesia ha ido evolucionando y ha estado atento a los signos de los tiempos. Por ejemplo, Pablo VI en el año 1971 ya hacía un llamado a entender el daño ambiental como un problema social y humano. En su carta apostólica escrita por el 80° aniversario de la publicación de la Rerum Novarum, manifestaba lo siguiente: “Bruscamente, la persona adquiere conciencia de ello: debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación. No sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que la persona no domina ya, creando de esta manera para el mañana un ambiente que podría resultarle intolerable” (Octogesima adveniens, 21).

Atentar contra la ecología es un pecado
Por otro lado, Benedicto XVI también habló de esta problemática de manera reiterada y por ello algunos lo llamaban el “Papa ecológico”. Benedicto señalaba que atentar contra el medio ambiente era considerado un pecado. “Tirar una bolsa de basura por la calle será pecado venial, pero quien destruye la Amazonía comete un pecado grave”. En ese sentido, el Papa Francisco ha continuado esta línea y hoy nos habla de una “ecología integral”, en la que no podemos separar el problema medioambiental de otros problemas de la sociedad, y por ello llama también a soluciones integrales que incluyan las interacciones de los sistemas sociales.

Una de las propuestas que ha llamado la atención es la intención de incluir el pecado ecológico. En el Documento final, el pecado ecológico es definido “como una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el ambiente”. Esto nos recuerda mucho al pecado social que desde Medellín se ha considerado como una estructura de acciones y omisiones que mantiene la opresión. Mantenernos indiferentes también es una forma de pecado porque nos hace cómplices de la desigualdad. Como lo dijo Mons. David Martínez de Aguirre, el Papa ha llevado la Amazonía al corazón de la Iglesia, desde las periferias hacia el centro, desde una perspectiva de la opción preferencial de los pobres. Ahora que tenemos esta agenda pluridimensional de respeto a la vida que ha nacido desde las periferias, se abre paso una nueva etapa de trabajo para todos y todas. El reto ahora es asumirlo con responsabilidad y compromiso.