Un arzobispo con olor a oveja

25 marzo, 2019

UN ARZOBISPO CON OLOR A OVEJA

editorial de la revista Signos

El papa Francisco ha sido siempre enfático en la importancia de la humildad y cercanía de los sacerdotes con el pueblo. En su homilía del Jueves santo del año 2015 se refirió a los “cansancios” que pueden sentir muchos sacerdotes. “¿Saben cuántas veces pienso en esto, en el cansancio de todos ustedes?” (…) “Que el nuestro sea un cansancio sano, el de un sacerdote con olor a oveja y sonrisa
de padre. Nada que ver con esos que huelen a perfume caro y que miran de lejos y desde arriba”. Francisco ha marcado una línea de pensamiento y trabajo al servicio de los pobres, es por eso que la gran noticia del nombramiento del P. Carlos Castillo como obispo y nuevo arzobispo de Lima nos confirma que hay nuevos vientos en la Iglesia.

 

 

Su trayectoria y vida de servicio

El nombramiento del P. Carlos Castillo como arzobispo de Lima es un reconocimiento que hace el papa Francisco a la Iglesia pobre que camina con los pobres. No olvidemos que en su visita al Perú, Francisco puso en el centro a los olvidados y vulnerables y exigió cambios reales para acabar con la cruda desigualdad que vivimos. Este sentido común se ha hecho sentir en la Iglesia universal de manera constante desde que Bergoglio fue nombrado sumo pontífice, por eso, al revisar el caminar y vocación de Carlos Castillo nos damos cuenta de que coinciden con la búsqueda del papa Francisco, la de una Iglesia pobre y con los pobres.

Castillo es un párroco que por años ha dedicado su vida a enseñar y a trabajar por los jóvenes. En el año 1996 fue vicario para la pastoral juvenil de Lima, organizador de la vicaría para la juventud y responsable de la pastoral vocacional, además fue consejero nacional de la Comisión para la juventud de la Conferencia Episcopal del Perú hasta el año 2001. Carlos Castillo Mattasoglio también fue consejero de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos por más de 10 años y se dedicó hasta hoy a la enseñanza de la teología, desde el año 1987, en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Se formó en Ciencias Sociales en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) e ingresó al Seminario Mayor de Santo Toribio de Mogrovejo de la archidiócesis de Lima, y fue enviado a Roma donde obtuvo el Bachillerato en Filosofía y en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana y, en 1987, el Doctorado en Teología Dogmática en la misma Universidad Gregoriana.

“Quiero pedirles su oración”

Hasta el cierre de la revista se ultimaban los preparativos para la celebración de la ordenación del padre Castillo. Mediante una carta, pidió a todos y todas que recemos por él pues reconoció que la tarea encomendada por el papa Francisco en medio de los momentos difíciles que vive nuestra Iglesia, es bastante importante. “Estando ya a puertas de ser ordenado arzobispo, quiero pedirles su oración durante los días que corren porque el sábado comencé mi retiro espiritual, en que a solas con el Señor oro también por todos ustedes y por todos y cada uno de quienes formamos nuestro
pueblo”.

Con un gesto de profunda sencillez, el nuevo arzobispo de Lima decidió ir desde San Lázaro, donde se desempeñó como párroco, en una peregrinación hacia la Catedral de Lima, tal como lo hizo Santo Toribio de Mogrovejo nombrado también, en 1579, arzobispo de Lima. Esto muestra su gran sentido humano, haciendo camino desde la periferia. Sin duda, el padre Carlos Castillo Mattasoglio es un arzobispo con olor a oveja y por ello celebramos la noticia de su designación, la disposición y amor con el que recibió esta gran tarea y los pasos que vamos dando hacia la construcción de una Iglesia en salida.