Todos y todas somos Amazonía

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EDITORIAL

 

El reconocimiento y el diálogo serán el mejor camino para transformar las históricas relaciones marcadas por la exclusión y la discriminación”, nos dijo el papa Francisco en su encuentro con las comunidades indígenas de la Amazonía. Esta ha sido una frase clave de la que poco se ha hablado porque aunque parezca tan sencilla, encierra un significado complejo, sumamente potente y de acción inmediata no sólo para las autoridades en su relación con nuestras comunidades, sino también para todo aquel que está convencido en defender y luchar al lado de nuestros pueblos. No puede haber diálogo si no reconocemos primero al otro como igual, como sujeto de derechos sólo por su condición de ser humano. Sin este paso previo, el “diálogo” puede volverse una imposición, una relación vertical entre un superior y un inferior o un monólogo.

A las autoridades y la sociedad civil

Muchas veces hemos oído entre los reclamos de nuestras comunidades indígenas la poca escucha o la falta de voluntad para lograr un entendimiento sobre las problemáticas que ellos denuncian y los efectos nocivos para su vida. ¿Cuántas veces hemos visto un diálogo entre las autoridades y nuestras comunidades indígenas teniendo como base el reconocimiento?

En este contexto, reconocer al otro significa identificar cuáles son las características que lo hacen único, las que nos diferencian, respetar su identidad, valorar sus creencias, escuchar con apertura y humildad, sentirse igual al otro aun con nuestras singularidades y diferencias culturales. Sin duda, lo que se vivió en Puerto Maldonado cuando el papa Francisco se encontró con nuestras comunidades indígenas fue un ejemplo de reconocimiento y diálogo, donde pudimos ver un acercamiento respetuoso entre ellos aun con las grandes diferencias culturales, religiosas y hasta protocolares. El papa Francisco no mostró en ningún momento superioridad a pesar de ser representante de un Estado y líder máximo de la Iglesia católica, por el contrario, escuchó, dialogó y recibió todo lo que nuestras comunidades habían preparado esa mañana con mucha apertura y humildad. Santiago Manuin, el líder Awajún que en algún momento fue el Apu de su comunidad tuvo un acercamiento a Francisco de igual a igual. ¿Lo han hecho de igual manera las autoridades?

Francisco y la amazonía peruana.

Por otro lado, es importante mencionar también el rol de quienes trabajamos junto a nuestras comunidades indígenas porque sentimos que sus reclamos son justos y urgentes. El padre Gustavo Gutiérrez decía, durante el Encuentro Nacional de Agentes Pastorales organizado por el Instituto Bartolomé de Las Casas, que “no se trata de ser la voz de los que no tienen voz, sino de hacer lo posible y luchar para que los que no tienen voz puedan tenerla”. Con esta frase podemos cuestionarnos hasta qué punto nuestro trabajo ha reemplazado de alguna manera la voz de las comunidades, aun cuando nuestros objetivos pudieron haber sido los más nobles. El acompañamiento debe ser eso, un acompañar de su camino y no representar o intentar liderar sus luchas aunque las consideramos justas. El reconocimiento también significa reconocer al otro como ciudadano para que así el diálogo se convierta en “el mejor camino para transformar las históricas relaciones marcadas por la exclusión y la discriminación”, como lo ha señalado Francisco.

Defendamos la Amazonía

Durante el Encuentro de Agentes Pastorales realizado en el mes de febrero en Lima, muchos de ellos, al igual que representantes de comunidades, indicaron que ya se están preparando para el Sínodo Panamazónico que ha anunciado Francisco. Confiamos en que este evento será un espacio donde se reconozca a nuestros pueblos de la Panamazonía para que el proceso de diálogo sea el mejor. Francisco ha tenido el gesto de anunciarlo nuevamente en Puerto Maldonado y eso ya nos da luces de que será como esperamos. Ahora lo que nos toca es que asumamos todos y todas la tarea de defender nuestra Amazonía porque, aun si geográficamente muchos no vivimos en ella, sus recursos son esenciales para la existencia de todo el país. ¡Todos y todas somos Amazonía!