Situación de la mujer matsiguenga

18 febrero, 2019

SITUACIÓN DE LA MUJER MATSIGUENGA

por la Hna. Ester Rojas, Misionera Dominica del Rosario

Hace 13 años que trabajo con grupos de mujeres matsiguengas que viven en la zona del Alto y Medio Urubamba en la Provincia de La Convención–Cusco. En la actualidad la mayoría de las mujeres matsiguengas sueñan con ser “alguien” en su comunidad, es decir, aspiran a ser reconocidas dentro de ella. Buscan conseguir trabajo, participar en proyectos que el municipio provee, desean mejorar las condiciones de vida familiar y poder dar estudios a sus hijos.

Sumisas y marginadas

Todavía arrastran situaciones de marginación, que les hacen tener una presencia pasiva en reuniones, asistir obligatoriamente a las asambleas, y levantar la mano en alguna toma de decisiones… pero no están “empoderadas”, con autonomía y corresponsabilidad real en la toma de esas decisiones. No son todavía agentes directas de transformación porque siguen siendo los varones quienes tienen la palabra decisiva.

Muchas siguen calladas, sumisas, marginadas, olvidadas, escondidas en el silencio de su hogar. Y están las ancianas… Sin embargo, son ellas las verdaderas transmisoras de la sabiduría ancestral en el conocimiento de las plantas medicinales, de los ritos de sanación, control de natalidad, búsqueda del equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza. A ellas debemos prestar una atención especial como Iglesia; con ellas podemos aspirar a rescatar su identidad Matsiguenga. Las necesitamos como transmisoras de sabiduría, de valores, de capacidades de discernimiento, de búsqueda de nuevas formas de evangelización frente a las grandes amenazas que vienen sufriendo las nuevas generaciones, las adolescentes, el grupo más vulnerable, a mi parecer, en el contexto actual.

La mayoría de las adolescentes, después de terminar sus estudios de primaria, algunas de secundaria, migran a las ciudades a buscar mejores oportunidades de vida. Algunas encuentran trabajo aceptable, otras caen en manos de traficantes: son sometidas a una esclavitud laboral trabajando muchas horas y en diversidad de tareas bajo un salario insignificante. O, víctimas de la trata, de la prostitución, quedan expuestas a contraer enfermedades del VIH; drogadicción, arruinan su futuro…

 

 

Necesidad de ser alguien

¿Y es que para ser “alguien”, para salir de la pobreza, del olvido y la marginación, el costo es el desarraigo cultural, el llegar a avergonzarse de ser mujer matsiguenga?

Algunas estudian en la academia y procuran pasar el examen a la carrera que les gusta, otras, después de haber culminado los estudios secundarios, van a los lugares remotos donde ningún profesor titulado quiere ir, ellas son contratadas en la UGEL por la ventaja del dominio del idioma. Sin embargo, no solamente cumplen el papel de profesoras, sino también de enfermeras, juezas y muchos otros servicios que la comunidad requiere. Después de estas experiencias, estas mujeres sienten la necesidad de formarse y optan por hacer estudios en la carrera de Educación, en diferentes modalidades. Les toca vencer muchas dificultades, como la de no tener dónde llegar porque, al ser machiguengas, no tienen parientes en las ciudades donde se encuentran los centros de formación profesional; el dinero ahorrado del pago recibido por haber trabajado como profesoras no cubre todas sus necesidades y muchas veces abandonan su sueño de convertirse en docentes de carrera. La formación profesional recibida no les permite responder a las necesidades concretas de sus comunidades.

Sueño con ver a estas mujeres participando activamente en las organizaciones, plenamente reconocidas en el ejercicio de su capacidad de liderazgo; sueño con una Iglesia que ayude a los gobiernos locales y otras instituciones a comprometerse con esa búsqueda femenina de una vida digna.