Saramurillo: el grito de los indígenas

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En la edición de febrero publicamos un artículo sobre el éxito que había significado el diálogo entre el gobierno y las organizaciones sociales en Saramurillo. Hoy presentamos el testimonio del vicario apostólico de Iquitos, uno de los actores principales durante ese proceso.

Por: Mons. Miguel Olaortua, Vicario Apostólico de Iquitos.

Un papel de mediador

Como obispo de Iquitos, recibí una invitación de las Organizaciones de Pueblos indígenas a acompañarles en este proceso. Mi papel se ha desarrollado en tres etapas diferenciadas. En un primer momento, de común acuerdo entre los representantes del Gobierno y de las comunidades nativas, mi función fue la de MEDIADOR.

Las reuniones iban a tener lugar en Saramuro-Saramurillo (Río Marañón). Las comunidades nativas exigían como condición la presencia del Presidente del Gobierno, del Premier o de algunos de sus ministros. El Gobierno confió esta tarea a la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad, lo cual no agradó mucho a los Indígenas. No obstante, los días 11 y 12 de octubre del 2016 viajamos a dicha localidad en helicóptero y se logró conformar la Mesa de la Comisión de Alto Nivel del Gobierno para el inicio del diálogo INTERCULTURAL con los hermanos indígenas. No fueron días fáciles. Pero además, se notaba una tensión latente en el ambiente, fruto de los años que llevaban los indígenas sintiéndose explotados y desprotegidos, olvidados y engañados por las diversas autoridades de turno. Además, los distintos lenguajes, las culturas diferentes, los tonos, los discursos, el lenguaje no verbal, no siempre se entendieron por ambas partes. Al final, logramos firmar entre los asistentes un acta con algunos puntos de acuerdo para la actuación y diálogo posterior.

 

(Crédito: Sophie Pinchetti)

Un rol de observador

Luego, vino una segunda etapa en la que el Vicariato ha jugado un rol de Observador. Tanto yo, como obispo, como las integrantes de la oficina vicarial de Derechos Humanos regresamos a Saramurillo en el mes de noviembre. Para esta segunda etapa los Pueblos indígenas exigieron que en esos quince días previstos para el diálogo de los diversos puntos, estuviera al menos un ministro siempre presente y al final para la firma el Premier o el Presidente de la Nación. En estas dos primeras fases, he aprendido lo difícil que es el diálogo entre culturas ya que las cosas se interpretan de distinta manera. Por otra parte, tanto para el mundo indígena como para muchos del Gobierno, dialogar es hablar con el otro pero para que acepte mi propuesta. Pero claro, si no hay capacidad de entender y de ceder, de ponerse en lugar del otro, es muy difícil llegar a un verdadero encuentro y diálogo. He visto buena voluntad en el Gobierno para acercarse y conocer este mundo indígena. He comprobado la apertura y generosidad de nuestros pueblos nativos de los ríos, abriendo sus casas y ofreciendo cuanto tienen. Dios quiera que sea el inicio de un nuevo modo de relación para el futuro.

(Crédito: Sophie Pinchetti)

A la espera del cumplimiento

Ahora queda la tercera etapa que es la llegada de algún representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para visitar diversas comunidades afectadas por los derrames de petróleo y constatar in situ sus consecuencias para nuestros pueblos y ríos. En un principio estaba programada para el mes de febrero, pero problemas de salud del Comisionado lo impidieron. Estamos a la espera de que esta visita sea reprogramada. A ella también he sido invitado como Obispo y representante de la sociedad civil. Los pueblos nativos nos esperan con cariño e ilusión y quieren que su desgracia se reconozca, se valore y se remedie. El clamor de los pobres, el grito de los indígenas clama al Dios de la misericordia que confía en nosotros.

(Crédito: Sophie Pinchetti)


* Extracto del artículo publicado en el Anuario Agustiniano Diáspora 2017.