¿Qué país queremos para vivir?

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EDITORIAL

Las noticias sobre abuso sexual que hemos visto en las últimas semanas nos han indignado y llenado de dolor. Según estadísticas de Datum Internacional, son aproximadamente 20 mujeres al día las víctimas de violaciones sexuales en nuestro país. Es decir, probablemente mientras escribo estas líneas o mientras usted las lee, en algún lugar de nuestro país se está cometiendo este terrible delito.

La indignación causada por la avalancha de casos que vemos a diario en los medios ha puesto en agenda la discusión sobre las penas contra los abusadores sexuales, en particular la pena de muerte. Esto ocurre en el Perú cada cierto tiempo. La formulación de una ley de este tipo pone en juego la vida de las personas. No puede obedecer a presiones políticas o de opinión, ni principalmente a la opinión pública. Es entendible la indignación que nos embarga pero debemos ser más prudentes en este punto. Se conoce por estudios hechos que la pena de muerte no es disuasiva, es decir, las cifras de violaciones seguirán siendo las mismas aun si se decide aplicar esta pena, así también se ha demostrado en otros países. No olvidemos, además, que nuestro sistema de justicia no es precisamente fuerte y podría equivocarse y eso sería terrible porque de la muerte no hay marcha atrás. Por otro lado, de acuerdo al Pacto de San José y las convenciones internacionales de respeto de los derechos humanos que el Perú ha firmado, no existe la posibilidad de legislar sobre la pena de muerte.

¿Qué hacer desde la óptica de la justicia?

Definitivamente es urgente que se trabaje este delito desde el sistema de justicia, es decir, evaluar las penas, su efectividad y asegurar que ningún caso de abuso sexual quede impune. Es parte del rol de todos los ciudadanos exigir leyes adecuadas para el tratamiento de estos casos, así como condenar la inacción y malas prácticas de los funcionarios públicos que deben velar por el bienestar de todos y todas.

Adicionalmente, la práctica de los procedimientos de denuncia de violación sexual y maltrato físico a las mujeres a cargo de funcionarios públicos (policías, jueces, médicos legistas, etc.) debería ser más empática con las víctimas y más expeditiva, de tal manera que ellas puedan sentirse protegidas por las autoridades. El escenario de riesgo en el que vivimos las mujeres no pasa solamente por las amenazas que podemos encontrar en las calles o en los hogares, pasa también por la negación de derechos, los obstáculos para hacer cumplir la ley, o por la imposibilidad de avanzar en políticas públicas adecuadas por la falta de voluntad de los legisladores.

Las entidades del Estado deben ser conscientes de la desigualdad que vivimos en el país y el tipo de violencia que nos afecta diferenciadamente a hombres y mujeres. El caso de la empadronadora abusada sexualmente y los otros casos de acoso que han sufrido mujeres voluntarias durante el censo nos dejan ver que no se tomó en cuenta este factor. En el campo educativo también hay mucho por hacer para formar ciudadanos y ciudadanas que respeten la dignidad de hombres y mujeres. El rol de los medios de comunicación también es importante, los mensajes emitidos en los espacios publicitarios y programas de televisión deben dejar de ser sexistas.

Para el 25 de noviembre ya se prepara una gran marcha por el Día de la no violencia contra la mujer. Será oportunidad entonces de continuar esta lucha, una lucha que se defiende en todas los espacios de esta vida, en las calles, en las escuelas, en el trabajo y en la intimidad de la casa.

No basta con leyes y penas

Las leyes y penas no son suficientes para parar la violencia, es indispensable cuestionar y reflexionar sobre acciones que en lo cotidiano también la alimentan. Esto nos lleva, en primer lugar, a reflexionar, hombres y mujeres, sobre nuestras propias actitudes en la vida diaria. Como ciudadanos y ciudadanas, ¿qué lazos queremos establecer con los demás? ¿qué país queremos para vivir? ¿qué estamos haciendo para que esta situación de violencia cambie?

Para el 25 de noviembre ya se prepara una gran marcha por el Día de la no violencia contra la mujer. Será oportunidad entonces de continuar esta lucha, una lucha que se defiende en todas los espacios de esta vida, en las calles, en las escuelas, en el trabajo y en la intimidad de la casa.