Por el buen vivir

18 abril, 2020

[ARTÍCULO]

Por el buen vivir

Por Hna. Zully Rojas Quispe, Misionera Dominica del Rosario, comunidad de Puerto Maldonado.

Atrás han quedado los días del Sínodo Amazónico. Atrás han quedado los debates y diversos pareceres de opinión de la exhortación “Querida Amazonía”. Atrás han quedado las reuniones de coordinación, planificación  y programación del nuevo año Pastoral en el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado… Todo se ha trastocado; parece que la conversión y los sueños han quedado suspendidos en el aire, en el ambiente de la ciudad a raíz de la cuarentena y el aislamiento social. Un tema domina nuestras conversaciones: el COVID 19 y las medidas de emergencia para su contención. Y es que esta pandemia se está tornando en una verdadera crisis mundial y está afectando también la vida de la Cuenca Amazónica. El último reporte de REPAM, del día 3 de abril, nos dice que son 943 casos confirmados, 26 fallecidos. En Puerto Maldonado, sabemos de 2 casos confirmados en la ciudad hasta el cierre de este artículo.

El miedo, la incertidumbre, la indignación y también la falta de responsabilidad están presentes estos días; y claro que encuentran un lugar propicio en nuestra Región de Madre de Dios, en la periferia de la ciudad y en las Comunidades de nuestros Pueblos Originarios.  En cuanto se decretó la medida de emergencia, suspendimos las visitas a las Comunidades Nativas; porque, si bien las medidas de protección son fundamentales para los pacientes de alto riesgo; lo son o deben ser aún mayores, para dichas comunidades.

Las características culturales hacen difícil el aislamiento social y otras medidas; pero sobre todo, las condiciones de vida, resultado del olvido que se ha tenido con la Amazonía, las hacen altamente vulnerables. Sin agua potable, sin puestos de salud debidamente abastecidos, con cuadros de desnutrición alarmantes, con la epidemia del dengue, sin vías de comunicación adecuados, grandes distancias geográficas,  sin poder salir a la ciudad a vender algunos de sus productos del campo;… etc, etc. Sus organizaciones comunales y Federaciones Nativas- FENAMAD, ECA AMARAKAERI, ANECAP, COICA- a nivel de la Región y de América Latina, están exigiendo a los gobiernos, se respeten sus derechos y se tomen “todas las medidas necesarias, culturalmente apropiadas y efectivas para proteger a nuestras comunidades y territorios”.

Es fundamental la responsabilidad, vigilancia y protección de las mismas comunidades ante la presencia de personas ajenas que vienen desarrollando actividades extractivas, haciendo caso omiso de las medidas de emergencia, poniendo en riesgo la vida de los hermanos comuneros, ya que pueden ser portadores del virus, además de afectar su territorio. Pero también es necesaria la intervención del Estado en el cuidado y  subsidio monetario para las Comunidades Nativas.

¿Queda lugar para la esperanza? Por supuesto. Como creyentes tenemos la certeza que la muerte no tiene la última palabra. Estamos viviendo la noche, y el alba se asoma en medio de los esfuerzos, la responsabilidad y la solidaridad. Nuestros Pueblos tienen una capacidad de resiliencia muy grande. ¡Qué enseñanza nos deja esta pandemia¡ Iguales y semejantes ante el virus… Que la paradoja de este tiempo, como seres humanos en relación, acompañe nuestros días de cuarentena: consolidaremos el “BUEN VIVIR” de la Humanidad, de las comunidades grandes y pequeñas, respetando el aislamiento social y protegiendo a los más vulnerables.