Personas diferentes, calles diversas

14 febrero, 2020

[DE AQUÍ Y DE ALLÁ]

Personas diferentes, calles diversas

por Franklin Velarde Herz, docente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, PUCP.

Las calles son el principal espacio público de nuestras ciudades. No importa si en un vecindario no hay parques o plazas, siempre se tendrán las calles. Sin embargo, pocas veces nos resulta atractivo permanecer en ellas, usualmente buscamos atravesarlas lo más rápido posible o desconectarnos del entorno camino a nuestro destino. Ya sea por una vereda angosta –o inexistente–; por la velocidad, ruido y humo de los automóviles; o la falta de sombra en el día e iluminación durante las noches, muchas veces nuestras calles no están pensadas para las personas.

El automóvil privado

La ciudad moderna no sólo le rindió culto al acero y el cemento sino también al automóvil, y su promesa –incumplida– de comodidad y velocidad. Gestionar y diseñar nuestras calles para el transporte privado ha ocasionado en la actualidad graves problemas de congestión vial. Esto debido a que la respuesta de las autoridades al tráfico en las últimas décadas ha sido crear y ensanchar vías, lo que ha incentivado la presencia de más automovilistas y por tanto –nuevamente–, mayor congestión. No sólo eso, se han reducido áreas verdes y talado árboles; disminuido el tamaño de las veredas para las personas; ignorado la presencia de ciclistas en las calles; y desfavorecido la inversión pública en la mejora y eficiencia del transporte público.

La congestión vial y la presencia masiva del auto privado en la ciudad también son culpables de los altos índices de contaminación del aire. Se hace necesario empezar a relacionar las formas de transporte y movilidad urbana con la sanidad y salud pública; y pensar nuestras calles desde un enfoque de sostenibilidad. Es decir, invertir su jerarquía brindándole mayor espacio, comodidad y seguridad a las personas, y otras formas de transporte –energéticamente– más eficientes como el transporte público masivo o la bicicleta.

Cuerpos diversos en el espacio

Planificar los espacios comunes desde las personas implica reconocer a los diferentes tipos de usuarios que podemos encontrar y sus diversas necesidades. La experiencia de moverse por la ciudad de una niña de cinco años no es igual a la de un hombre joven de treinta. De igual modo, para una persona mayor será diferente, en relación a la de una madre llevando a su hijo en brazos. Las condiciones y características de una calle (accesos, rampas, sombra, espacios para sentarse, etc.) los y las afectarán de forma distinta. Pensar en la comodidad, seguridad, necesidades e intereses de diversos usuarios hace que diseñemos y gestionemos nuestras ciudades desde y para las personas. Esto también implica ya no proyectar nuestras calles para la velocidad del auto privado, sino planificarlas como espacios calmados, que permitan distintas formas de movilidad sostenible (peatones, ciclistas, etc.) y más eficientes (transporte público). Pero sobre todo, recuperarlas como espacios públicos para permanecer y disfrutar.

Pensar lo urbano desde lo común

La ciudad debe ser pensada desde la diversidad de personas que la habitan, garantizando la seguridad y disfrute de los ciudadanos sin distinción de edad, identidad de género, nacionalidad, etnia y diversidad funcional. Construir una mirada común, plural e interdisciplinaria sobre lo que deseamos y necesitamos en nuestros espacios públicos, hará que éstos sean más representativos, inclusivos, diversos y accesibles. Nuestras calles son los espacios que protagonizan las transformaciones urbanas, y debemos pensarlas desde un urbanismo ciudadano que coloque a las personas en el centro de la planificación de la ciudad.