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*Texto publicado en la revista Vida Nueva (España).
Escribe: Marycielo Palomino.

La Iglesia se alza contra un megaproyecto que amenaza a los kukamas en el Amazonas peruano.

Hace unos años, una mujer de Lurituyacu vino a vernos al despacho cuando estábamos de párrocos en Nauta. Su papá, un señor de 60 años, estaba bajando de la balsa con su nieto, de 11 o 12 años. Era de noche, por lo que bajaban con un candil. Entonces, vino una embarcación mucho mayor y no le vio. Esta embarcación se llevó la balsa… Perdieron todas las cosas, y solo quedó el nieto”. Horrores como estos son los que denuncia a Vida Nueva el padre Miguel Ángel Cadenas, sacerdote agustino en este rincón del Amazonas peruano, donde las comunidades indígenas, como en tantos otros puntos del planeta, deben movilizarse para mantener su propio estilo de vida frente a los intereses de grandes multinacionales entregadas a la rapiña.

La última amenaza para sus habitantes es el megaproyecto de navegación fluvial Hidrovía Amazónica, que se extendería sobre las regiones de Loreto y Ucayali, en el nororiente de Perú. Entre los ríos que se encuentran en su zona de ejecución está el Marañón, uno de los principales afluentes del Amazonas. Sus aguas bañan uno de los poblados más antiguos de la Amazonía Peruana, Nauta, la ciudad que siempre navega.

En Nauta se encuentran asentados algunos pueblos indígenas, como los kukamas, los kokamillas y los urarinas. Aproximadamente 200 o 300 años antes de que los españoles llegaran, estos pueblos llegaron hasta aquí desde el Amazonas Central, en Brasil. Por tanto, son los legítimos pobladores de la zona desde hace, como poco, siete siglos.

Paraná, como se dice río en lengua kukama, es considerado por ellos un ser con vida, teniendo una historia propia, lo que hace que la relación de sus aguas con sus habitantes amazónicos –principalmente los kukama–, sea tan profunda, íntima y personal. Esta relación espiritual ha sido entendida y asumida por los padres españoles agustinos Miguel Ángel Cadenas y Manolo Berjón, quienes, desde hace casi 20 años, permanecen encarnando la misión en la selva de Iquitos.

Los dos pastores indican a esta revista que no se trata de permanecer parados, con la mirada puesta en el cielo, frente a estos problemas socio-culturales que comprometen intereses, no solo culturales y sociales, sino también comerciales y económicos. Creen firmemente en las palabras del papa Francisco: “Prefiero una Iglesia manchada, pero que se compromete con los pobres, a una Iglesia impoluta que no vive en la tierra”. Esta es una manera de reflejar cómo debería ser el trabajo de la Iglesia. Este caminar consiste en acompañar a pueblos, como los kukama, estudiando y entendiendo su cultura y la compleja cosmovisión que los caracteriza. Por esta acción, como aceptaron desde el principio, han debido enfrentarse a tensos conflictos.

En el proceso del caso Hidrovía, los padres agustinos animaron a las comunidades locales a conformar grupos para presentar una demanda colectiva. Solo juntos podían ser fuertes e interpelar al Gobierno peruano, que, tras impulsar el proyecto en 2013, se había negado a consultar previamente a la población sobre las consecuencias directas que tendría la megaobra. El argumento que usó entonces el Estado fue que los ríos son bienes públicos y, por tanto, no pertenecen al territorio de los pueblos indígenas.

La rica cosmovisión kukama expresada en el arte, refleja sus ríos como ente espiritual

 

Demanda colectiva

Este fue el punto principal de la demanda amazónica, que también estuvo asesorada y acompañada por el Instituto Bartolomé de Las Casas, el Vicariato Apostólico de Iquitos, el Instituto de Defensa Legal (IDL) y la parroquia Santa Rita de Castilla. La demanda se centró en la omisión de la consulta previa del proyecto Hidrovía en los ríos amazónicos. Según Juan Carlos Ruiz Molleda, del IDL, el argumento del Gobierno iba en contra del punto 13.2 del Convenio 169 de la OIT, reconocido por el Estado peruano: “La utilización del término ‘tierras’ en los artículos 15 y 16 deberá incluir el mconcepto de territorios, lo que cubre la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna otra manera”.

La negativa a la ejecución del proyecto por parte de las comunidades kukama se debió al temor de que el dragado del fondo de los ríos afectara directamente a una de sus principales actividades económicas que tienen para vivir: la pesca y las actividades relacionadas con el comercio del pescado. Además, los ríos, en este caso el Paraná, no solo les proveen recursos para vivir, sino también, como decíamos antes, se convierten en entes sagrados que forman parte de su cosmovisión animista y que configuran una reciprocidad que mantiene el equilibrio entre naturaleza y hombre.

Las propias personas de Iglesia implicadas en la causa se apoyan en esta cosmovisión del pueblo kukama, siendo un eje clave del sentir cristiano respetar otras cosmologías. “Han sido los referentes cristianos locales los que nos han animado a mirar la cosmología indígena y percibir que detrás de ella puede haber una respuesta al tema de la hidrovía”, señala el padre Miguel Ángel. Manolo y él entienden que es indispensable respetar la forma de vida de cada uno de estos grupos humanos, en este caso la de los pueblos del Amazonía: “Reconocer que Jesucristo es nuestro señor no significa destruir las culturas indígenas, sino plenificarlas y acompañarlas en primer lugar, y después aportar para que ellos recojan del cristianismo los elementos más valiosos para confesar que Jesucristo es nuestro señor. Hay que acompañar en silencio, pero también hacer propuestas que les
permitan vivir con dignidad. Uno de los grandes aportes del cristianismo es la dignidad humana”.

Esta historia, por cierto, tiene un final feliz. La comunidad kukama logró una victoria histórica cuando, meses después de presentar la demanda, se suspendió la construcción del proyecto Hidrovía Amazónica mediante la orden del juez mixto de Nauta, Luis Enrique Mayta, quien declaró fundado este recurso de amparo a favor de la población.

En mayo del 2015, la Corte Superior de Loreto dictó un fallo judicial a favor de la exigencia de consulta previa del megaproyecto Hidrovía. Lo que convirtió este proceso en una sentencia referente para todo el continente, pues un pueblo había logrado defender sus tierras ante el Gobierno.

Parte fundamental de este trabajo consistió en incluir como argumento el sentir de la cosmovisión de la población directamente afectada. La comunidad kukama, en numerosos talleres de expresión, plasmó y comunicó mediante suaves trazos de dibujo lo que representaba su mirada sobre los ríos del que son parte. A veces, el arte, como esencia de la vida, sirve para vencer a lo imposible.

Los agustinos Manolo Berjón y Miguel Ángel Cadenas llevan más de 20 años en la región

La lucha continúa

Desde su actual parroquia, la de Inmaculada, en Punchana (Iquitos), los padres Miguel Ángel y Manolo continúan acompañando procesos que buscan una mejor calidad de vida para todos. También en Loreto las comunidades indígenas se ven amenazadas por la rapiña, aunque aquí, como señalan, la intranquilidad proviene de proyectos de crear carreteras en medio de la selva, del daño de los oleoductos, de la tala ilegal, de las hidroeléctricas… y de la continuación del proyecto Hidrovía, cuyos impulsores no han abandonado pese al revés judicial. “Hay que cambiar algunos comportamientos –reflexiona el padre Miguel Ángel–, pero también hay que cambiar algunas leyes que miren esta realidad desde el punto de vista de aquellos que lo van a sufrir y no solo desde aquellos que lo van a disfrutar con un viaje rápido. La prioridad está en los pueblos que habitan aquí”.

Este artículo ha sido elaborado por el Instituto Bartolomé de Las Casas, para la revista Vida Nueva de España: https://goo.gl/JeYsxr

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