Obispos latinoamericanos levantan la voz por la Amazonía

La situación que vive la región Pan-Amazónica, asolada por incendios de proporciones dantescas, especialmente en Brasil y Bolivia, muchos de los cuales han sido provocados, no por las ONGs como ha insinuado el presidente brasileño, sino por aquellos que ven la Amazonía como una despensa, pues se sitúan en las zonas conocidas como frontera agrícola, en las que el agro negocio va penetrando en la selva virgen a un ritmo desenfrenado y con consecuencias dramáticas, no sólo para el medio ambiente como para los pueblos que allí habitan, es de gran preocupación.

A las reacciones en todo el mundo se ha sumado la de la Iglesia latinoamericana, que a través del Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM, ha lanzado una nota que lleva por título “Levantemos la voz por el Amazonas”, en la que dicen “que queremos manifestar nuestra preocupación por la gravedad de esta tragedia que no solo es de impacto local, ni siquiera regional sino de proporciones planetarias”.

La reacción se produce en el contexto del Sínodo para la Amazonía, cuya esperanza “se ve ahora empañada por el dolor de esta tragedia natural”. En ese sentido, podemos decir que la nueva presidencia del CELAM se ha implicado decisivamente en este proceso sinodal. De hecho, su presidente, Monseñor Miguel Cabrejos, Arzobispo de Trujillo, Perú, se ha pronunciado en varias ocasiones en ese sentido en las últimas semanas. Junto con eso, han convocado un encuentro de estudio del Instrumentum Laboris, citado en el escrito, para los próximos días 6 y 7 de septiembre en Bogotá.

La nota muestra la cercanía del episcopado latinoamericano “a los hermanos pueblos indígenas que habitan este amado territorio” y con ellos quieren “gritar al mundo por la solidaridad y la pronta atención para detener esta devastación”, por lo que afirman con firmeza que “urgimos a los gobiernos de los países amazónicos, especialmente de Brasil y Bolivia, a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional a tomar serias medidas para salvar al pulmón del mundo”, algo urgente, pues hasta ahora se ha hecho poco o nada. Muchas veces por falta de medios, pero también por ineficiencia o complot con aquellos que han provocado está catástrofe.

No olvidemos, como se recoge en la nota, que “lo que le pasa al Amazonas no es un asunto solo local sino de alcance global. Si el Amazonas sufre, el mundo sufre”, lo que supone una llamada para quienes se sienten dueños exclusivos de un territorio que es de particular importancia para el futuro de todos. El empeño en destruir la Amazonía, una actitud común en casi todos los gobiernos de la región, puede tener consecuencias catastróficas, por lo que el mundo debe reaccionar de forma inmediata.

Las palabras del CELAM refuerzan aquello que el Papa Francisco ya dijo al inicio de su pontificado donde pedía, por favor, “a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político, social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: [que] seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro».

 

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