Nuevo enfoque en salud mental: la interseccionalidad

29 noviembre, 2018

NUEVO ENFOQUE EN SALUD MENTAL: LA INTERSECCIONALIDAD

por Omayra M. Chauca Gonzáles, psicologa feminista con enfoque interseccionalidad

Actualmente en el Perú la Salud Mental ha tomado protagonismo, desde discusiones en torno a la violencia de género, a las acciones estatales comunitarias o a las demandas sociales. Pero esta terminología siempre ha llevado un concepto generalizado, definido como: “el estado de bienestar que permite a cada individuo realizar su potencial…trabajar productiva y fructíferamente y contribuir con su comunidad” (OMS, 2004). Exacto, nuestro bienestar está relacionado a nuestra salud mental, la que a su vez se enlaza con las estructuras sociales.

 

¿Por que es necesaria la interseccionalidad?

La interseccionalidad se define como “el fenómeno por el cual cada individuo sufre opresión u ostenta privilegios en base a diversas categorías sociales”. En 1989, Crenshaw, quien introduce el concepto, no se refería a un cumulo de desigualdades o privilegios, sino que cada una de éstos interseccionaba de forma diferente en cada sujeto y grupo social, reconociendo estructuras de poder existentes en las sociedades. (Exposito, 2012). Este enfoque nos ayuda a reconocer cómo las estructuras de poder pueden cruzarse en cada sujeto o grupo social de forma distinta. Es decir, las desigualdades económicas, de género, raciales y de acceso entre una mujer de una periferia de Lima y otra de Cusco, son distintas y deben ser analizadas de forma particular. Hablar de salud mental desde un enfoque interseccional es reconocer la relación evidente entre las estructuras sociales de poder (capitalismo, patriarcado y colonialidad) y cómo afectan las procesos individuales, como el bienestar.

En el Perú la construcción de conceptos y discusiones en torno al bienestar y la salud mental se ha dado desde el ámbito académico e institucional. Las nuevas reformas siguen siendo réplicas sutiles del paternalismo del Estado. Se han implementado enfoques interculturales e integrales de atención y/o participación, pero éstos siguen relacionados a los intereses políticos y apoyando los conceptos generalizados. Es importante señalar que nuestro Estado configura la salud mental desde un enfoque de salud biomédico, configurando una “normalidad” enlazada a lo “sano” del cuerpo. Entonces, 1) Reconociendo la interseccionalidad de los poderes estructurales que son distintos por cada sujeto territorio, cultura, etc., la búsqueda de una salud mental generalizada en los sujetos podría ser violenta, pues el bienestar es concebido de forma distinta y acumula muchas brechas económicas, sociales y de rezagos de violencia, que sabemos se mantienen desiguales en casi toda Latinoamerica. El Estado, la academia y los trabajadores –en mayoría– han propiciado esa búsqueda que se encuentra en los sentidos comunes, como algo individual y competitivo por lo “normal”. Es decir, para llegar a ser sujetos “sanos” o “normales” se hace un camino de largo aliento debido a las constantes desigualdades sociales. 2) En el caso de las mujeres, que conllevan un legado histórico de violencia y desigualdad que se intersectan e interactúan de forma distinta desde los territorios y culturas, desde el enfoque interseccional podríamos ahondar en que toda esta esfera desigual otorga una “anormalidad” innata y se vuelve inconsciente. Por ende, partir hacia una búsqueda de la “normalidad” es distinto entre hombres y mujeres, en cada espacio territorial. Entonces no podríamos hablar de un solo “bienestar”, “normalidad” o concepto de salud mental, en un país como el nuestro con mayor desigualdad social y con evidencia histórica de violencias.

Temas pendientes

Por último, es importante señalar la carencia de construcción de los propios discursos y conceptos en torno a bienestar y/o salud mental, desde la palabra de los usuarios peruanos,  relacionándolos a sus desigualdades sociales actuales e históricas. Usar la palabra para revertir el poder es hacer actuar la interseccionalidad como enfoque, aprendiendo a cuestionar lo avanzado para replantear nuevas formas desde lo situado.