Mujeres amazónicas se reúnen para reflexionar sobre problemáticas que las afectan

La ciudad de Quito, Ecuador, fue escenario del Encuentro “Mujeres, Panamazonía y Sínodo” impulsado desde la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) entre los días 25 y 27 de enero. Allí, con el objetivo de reflexionar sobre la situación actual y perspectivas de futuro de las féminas de la panamazonía, se encontraron mujeres provenientes de los países amazónicos llegadas desde Brasil, Ecuador, Colombia, Bolivia, Venezuela y Perú.

Naturaleza y mujer, de la mano

Luego de tres años de acompañamiento a la comunidad de Tundayme, un territorio ancestral shuar de Ecuador, en la frontera con Perú, la religiosa Ursulina de Jesús, Mariángel Marco, muestra especial preocupación por la defensa de los territorios amazónicos y las repercusiones que el desalojo de sus tierras tiene en la figura femenina. “Cuando hay despojo del territorio, quienes más sufren son las mujeres, pues se les arranca parte de su identidad, de su relación con la tierra, pierden su armonía, y al imponerse valores masculinos relacionados con la fuerza en muchas ocasiones acaban sufriendo violencia”, profundizó la misionera al término del encuentro, “ además, en donde hay extractivismo, acaba apareciendo la trata de personas”.

La diversidad de la mujer amazónica

Afrodescendiente, apasionada de la vida, de la defensa de los derechos humanos y con toda su existencia en la selva formando parte de la Amazonía. Así se siente Selene Terán, otra de las participantes en el encuentro, quien trabaja en el Vicariato de Sucumbios, en la frontera entre Ecuador y Colombia. Entre sus propuestas, la de incluir a todas las mujeres amazónicas en el proceso de construcción de una Iglesia con rostro amazónico. “Se deben buscar los talentos de las mujeres y fortalecerlos tomando en cuenta que en la Amazonía no sólo hay indígenas, sino también afrodescendientes, mestizas, ribereñas… mujeres de todas las partes del mundo a las que hay que considerar e integrar”, opina. Habla de la falta de oportunidades, la discriminación, la pobreza y, de la mano de ésta, la invisibilización de la mujer.

 

Fuente: CAAAP