María Julia Ardito: las internas del penal tienen mucho miedo

María Julia Ardito, lleva 11 años acompañando a las internas del Penal de Máxima Seguridad de Chorrillos. Ella es coordinadora del equipo pastoral de CEAS, y durante todo este tiempo, junto a este equipo de mujeres y hombres de fe, han atendido pastoralmente a muchas mujeres privadas de su libertad que hoy, en medio de la pandemia mundial de la COVID -19, tienen miedo y claman ayuda.

“Estamos muy afectados como equipo, acogiendo cada una de estas llamadas, intentando responder y trabajar en red. Estamos haciendo todo lo posible y resolviendo aquellas situaciones a las que podemos encontrar solución”, cuenta María Julia.

Una gran preocupación de las internas es la salud de sus compañeras y del personal del INPE que las atiende. Las familias de las internas que han logrado comunicarse con María Julia y los demás agentes pastorales, se muestran desesperados por la situación que se vive dentro. “Todos los días estamos recibiendo mensajes de las familias, de los hijos y las hijas de las mujeres del penal, llamadas de dentro del penal de las mismas mujeres, cientos de mensajes pidiendo ayuda, informándonos sobre cuál es la situación. Todos son como pedidos de auxilio diciendo la impotencia que sienten porque no son escuchados, no saben a quien preguntarle, por eso nos preguntan a nosotros si sabemos algo”.

La entrevista fue telefónica y tuvimos que esperar que María Julia, psicoanalista de profesión, tenga un espacio dentro de todas esas llamadas e intercambios con las familias de las internas, coordinaciones y pacientes que atiende voluntariamente en el Centro de Espiritualidades EMAÚS y en la línea de Soporte Emocional de la SPP. Sin embargo, nos dice que contar lo que está sucediendo dentro de esos muros del penal es necesario y urgente hoy más que nunca.

“Cuando llaman las mujeres, es interesante porque lo primero que hacen es preguntar cómo estamos nosotros como equipo, si estamos bien de salud y después de responderles, empiezan a hablar de ellas. Fundamentalmente ellas dicen que tienen mucho miedo, por ellas pero sobre todo por sus familias. Algunas que tienen más años en el penal y que tienen más recursos psíquicos para poder sostenerse por los años de terapias, dicen que están haciendo lo posible para ayudarse entre ellas, sostenerse y acompañarse, pero a veces se quiebran”.

Por ello, pide urgentemente, además de la atención médica, que se concrete a nivel jurídico las excarcelaciones. “Es cuestión de liderazgo, de responsabilidad política. Se está esperando que el jefe del INPE y el Ministro de Justicia, asuman un liderazgo con intervención y palabras de ejecución. Hasta ahora creo que hay un desamparo a ese nivel y por lo tanto el colapso también tiene que ver entre muchas cosas, con esta falencia a nivel del liderazgo de quien corresponde”.

Como parte del equipo pastoral de la Conferencia Episcopal de Acción Social, han conversado con la dirección del penal ofreciéndoles apoyo a través de videoconferencias o a través de audios para que sean llevados a los pabellones para así poder hacer reflexiones o escuchas más sostenidas a través de algún tipo de teléfono o videos grabados. Sin embargo, no han recibido respuesta. “Con otro grupo de agentes pastorales hemos hecho llegar cartas de apoyo para cada pabellón y para que los empleados del INPE también cuenten con nuestro apoyo, atención, y nuestro servicio. Hemos ofrecido servicio de escucha”.

Finalmente, nos cuenta que las mujeres en situaciones de crisis suelen ser muy solidarias, no hacen diferencias y se unen para darse soporte emocional. “Llegan a tejer una red de solidaridad entre ellas. Tienden a proteger a la que está más desvalida e insegura, a aquella que siente que emocionalmente se quiere quebrar, la sostienen y acompañan”, y me hace ver la distancia con la que miramos la realidad de las internas desde afuera, “me preguntas porque dices que nadie sabe sobre la situación de las internas y me ha resultado tan fuerte esa intervención tuya porque me remite a lo que estamos viendo estos días todos como sociedad”, señala preocupada. María Julia nos interpela porque, efectivamente, sabemos poco sobre cómo se tejen hilos de vida entre las reclusas.