Los migrantes no son el problema

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EDITORIAL

Salir del país de origen no es fácil, implica un gran desprendimiento: dejar personas que amamos, nuestros sueños, nuestro proyecto de vida. Significa también vivir un gran choque cultural propio de quienes se establecen en un lugar nuevo, donde debemos adaptarnos a una nueva forma de hacer las cosas, a entender y aprender costumbres distintas.

Migrar a otro país en las condiciones en las que lo hacen miles de venezolanos es aún más complicado, pues gran parte de ellos vinieron para trabajar de manera informal para mantenerse y enviar dinero a sus familiares. “En la cuestión de la migración no están en juego solo ‘números’, sino ‘personas’, con su historia, su cultura, sus sentimientos, sus anhelos…”, señaló el Papa Francisco, refiriéndose a los migrantes que son vistos, muchas veces, como un problema social.

¿Cuál es la situación de los migrantes en el país?

Según la Superintendecia de Migraciones, hasta el mes de agosto ingresaron al Perú más de 400 000 venezolanos. La cantidad es impresionante y ha desatado diversas reacciones entre los peruanos. En la clase política hemos podido observar manifestaciones de preocupación, pero también declaraciones cargadas de intolerancia que alientan el rechazo y hasta la xenofobia.

“Sus derechos fundamentales y su dignidad deben ser protegidos y defendidos. Una atención especial hay que reservar a los migrantes niños, a sus familias, a los que son víctimas de las redes del tráfico de seres humanos y a aquellos que son desplazados a causa de conflictos, desastres naturales y persecución”, dijo el Papa Francisco.

Acudiendo a este llamado, existen varias iniciativas desde la Iglesia, enfocadas en acompañar a los migrantes venezolanos en esta etapa de vulnerabilidad que están viviendo. Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Peruana abrió el 2 de julio el Centro de Información y Orientación al Migrante Venezolano, desde donde brinda asesoría legal a cargo de profesionales de trabajo social y expertos. Esta iniciativa es sumamente importante porque en un momento de tanta inestabilidad para estas familias, los riesgos de ser vulnerados de diversas maneras, aumentan. Esta asesoría aportará orientándolos sobre sus derechos y los procedimientos que deben seguir para legalizar su situación migratoria, además de proveer asesoría psicológica. Así como la Conferencia Episcopal, diversas comunidades de fe se están organizando para apoyar en la recepción y el apoyo a los refugiados y migrantes venezolanos.

¿Qué hacemos como país receptor?

El Gobierno peruano señaló que desde ahora para ingresar al país se exigirá la presentación del pasaporte en vez de la cédula de identidad, lo que hace aún más difícil la situación de los venezolanos. Ante esto, algunos organismos de derechos humanos en nuestro país se han pronunciado advirtiendo que este nuevo requisito podría poner en riesgo a los migrantes venezolanos por las redes de tráfico de personas o la migración irregular.

Esta ola migratoria asusta a muchos y probablemente esté trayendo cambios, sobre todo, en el sector laboral, pero recordemos que esta no es una responsabilidad de los propios migrantes, es más, muchos de ellos son víctimas de explotación y usados para abaratar costos de malos empresarios. Ante esto, son las autoridades las responsables de implementar una política migratoria ordenada y regular, sin cerrar fronteras, y garantizando condiciones dignas para que los trabajadores peruanos y migrantes no sean vulnerados. Recordemos entonces que los migrantes no son el problema, la xenofobia y la falta de sensibilidad de las autoridades sí lo son. Todos y todas merecemos una vida digna, migrantes o no y ahí debería estar nuestra mirada.