Las acciones transformadoras son gestos de amor

21 junio, 2017

EDITORIAL

En este mes de junio, se cumplen ocho años desde los terribles hechos ocurridos en Bagua, donde nuestros hermanos de comunidades indígenas y efectivos policiales se enfrentaron con fatídicos resultados. Hacer memoria de esta tragedia es difícil, pero necesario para avanzar y asegurarnos de que hechos como los del 5 de junio del 2009 no ocurran nunca más.

Aún hay una agenda pendiente: los reclamos que motivaron a que varias comunidades se hallen en pie de lucha para proteger sus territorios ancestrales siguen vigentes. ¿Cuánto se ha hecho para prevenir otro Baguazo? Desde la sociedad civil y la Iglesia se han emprendido varias acciones para luchar por los derechos de nuestros pueblos indígenas.

«El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (Laudato si’).

Como lo manifiesta el Papa Francisco, las acciones transformadoras que emprendemos todos y todas son gestos de amor. Una muestra de ello es el trabajo que viene haciendo la Red Eclesial PanAmazónica (Repam) que trabaja de la mano de pueblos indígenas y misioneros en defensa de sus derechos. La componen organizaciones de toda la cuenca amazónica, y busca luchar en defensa de las sabidurías ancestrales de los pueblos indígenas, de sus territorios y de su derecho a una “participación efectiva en las decisiones”.

Esta plataforma eclesial es oficial y amplia, es una instancia que tiene el respaldo pleno del CELAM y del mismo Papa Francisco quien ha conocido el proceso desde antes de su fundación. Una instancia como esta surge porque se reconoce la amenaza que sufre la Amazonía y, con ella, la vida de los pueblos originarios, pues los derechos a sus tierras y culturas también están en peligro. Se trata de promover con una evangelización integral toda la Panamazonía.

“Quisiera advertir que no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice” (Laudato si’).

Un gran logro de la REPAM consiste, por ejemplo, en la escuela que han formado para que los líderes indígenas conozcan herramientas que les permitan defender los derechos de sus pueblos. Como parte del proceso formativo, delegaciones de líderes indígenas visitaron Washington y Nueva York. En Washington participaron en una audiencia oficial de la CIDH y en Nueva York fueron parte del Forum de los pueblos indígenas organizado por las Naciones Unidas. Han entendido que los problemas de la Amazonía no son sólo problemas de América Latina, sino más bien de todo el planeta.

Otra experiencia importante, sin duda, ha sido la Carta final de Tarapoto que fue producto de varios días de trabajo en el Foro Social Panamazónico (FOSPA), donde líderes indígenas, organizaciones de derechos humanos, agentes pastorales, entre otros, trabajaron propuestas para mejorar la situación de desprotección y amenaza que viven nuestros pueblos originarios. El FOSPA que tuvo lugar en Tarapoto a finales del mes de abril se realizó por primera vez en Perú y ha conseguido ser una referencia para abordar un trabajo integral por el cuidado de la creación desde las organizaciones indígenas, sociales y del Estado.

Las dos experiencias mencionadas representan un contraste con lo que significó el estallido del Baguazo, que nos mostró una situación de abandono histórico. Son parte de la defensa de los derechos de nuestros pueblos frente al atropello que el Estado peruano planteó a sus territorios ancestrales. Por eso celebramos este aniversario reconociendo en las experiencias comentadas que vamos dando pasos importantes que implican una perspectiva global de defensa del ambiente en la Amazonía, donde los propios indígenas van asumiendo su protagonismo.

Cruz en memoria de los fallecidos del 5 de junio en la Curva del diablo Crédito: Enrique Castro-Mendívil