La visita de Francisco nos invita a repensar la vida del país

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Con mucha alegría recibimos la noticia de la llegada a Lima del papa Francisco.  Su visita hace del hoy un momento propicio para repensar la vida del país, pues su paso por Lima puede entenderse como una invitación a tender puentes que conecten a todo el Perú, puentes no sólo geográficos. Su paso por Lima puede significar la invitación a construir un proyecto de nación que tome en cuenta la diversidad de culturas y realidades del Perú.

Ya en su discurso a la sociedad civil en Paraguay el 2015, Francisco llamaba la atención sobre la importancia del diálogo como medio para forjar un proyecto de nación que incluya a todos y todas. Resaltaba la necesidad de una identidad común como base fundamental: el amor a la Patria “La Patria primero, después mi negocio. Esa es la identidad. Yo desde esa identidad voy a dialogar” (…), identidad común que no anula la diversidad, sino más bien, “que la vive en comunión por medio de la solidaridad y la comprensión”.  Esto se une a la prioridad evangélica de la opción preferencial por el pobre por la que clama Francisco, escuchar y acoger el “clamor de los pobres” para construir una sociedad, un Perú más inclusivo.

 

La elección de las ciudades de Trujillo y Puerto Maldonado va también muy en la línea con el llamado constante que hace el Papa de ser “una Iglesia en salida…una iglesia que se atreve a llegar a todas la periferias”. La tierra y la población afectada por las inundaciones en Trujillo todavía sufren los estragos de un desastre, consecuencia de las decisiones irresponsables de los seres humanos para con la casa común. La llegada de Francisco genera desde ya esperanza para quienes han perdido bienes y seres queridos pero también para quienes están involucrados en la reconstrucción material y social. Es desde esta tierra que se espera su palabra lance desafíos a quienes tienen en sus manos la tarea de velar por el progreso de los pueblos, un progreso que busque “un desarrollo sostenible e integral”.

 

 

 

Su llegada a Puerto Maldonado no solamente representa un acercamiento a las comunidades nativas de la Amazonía que enfrentan la destrucción de su hábitat por decisiones gubernamentales que no los toman en cuenta, sino también a mujeres, niños y niñas afectadas por el flagelo de la trata.  En uno de sus discursos en Ecuador en el 2015 el Papa reconocía que “no podemos afrontar adecuadamente la degradación humana y social si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y social”. Su visita es oportunidad para fortalecer “una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos” (Laudato sí, 14). Su presencia seguramente ha de reconocer y alentar a quienes desde los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar el cuidado de la casa que compartimos.