La cuaresma del coronavirus

2 abril, 2020

[ARTÍCULO]

La cuaresma del coronavirus

por José María Rojo, sacerdote del IEME

Muchos no dudan que recordaremos la Cuaresma del 2020 como “la cuaresma del coronavirus”. Ese misterioso virus que comenzó disfrazado de simple gripe y que ha logrado poner de rodillas al mundo entero. Y estábamos acostumbrados a que la mayoría de las enfermedades que llegaban a ser pandemia eran casi siempre, o terminaban siendo, “enfermedades de los pobres”.

 

Puede que esta termine siéndolo –cuando se logre una vacuna o remedio eficaz y puedan ser los ricos los primeros en curarse o protegerse-. Hoy nos tiene humillados a todos.

Pocos recuerdan ya las novedosas formas de vivir la cuaresma, el ayuno…propuestas por el papa Francisco. Aquello de “desconectarse del celular”, “cerrar más la TV y abrir la Biblia” p.e. Y es que la reclusión obligada en nuestras casas, solo con nuestras familias,  nos ha trastocado totalmente horarios, actividades, rutinas…

Y lo más gordo es que el coronavirus va a dejar necesariamente sus secuelas. Dos posibilidades claras ya:

a)      Que derive en otro virus peor: el egoísmo. El peligro es grande, muchos lo desarrollaron de inmediato y la posibilidad de que se haga crónico es una amenaza a la vista. Los síntomas son bien visibles: si el miedo te encierra en tu casa bajo el lema de “sálvese quien pueda”; si tratas de acaparar papel higiénico, alimentos no perecederos, productos muchas veces innecesarios; si tienes tienda o algún servicio y subes los precios aprovechando la oportunidad; si escondes los productos para luego ganar más, si dejas de pensar en los demás o, a lo sumo, solo en “los tuyos” ¡son síntomas evidentes de que te has contagiado del virus del egoísmo!  Ponte en actitud de conversión o estás condenado a pudrirte con tus cosas…

b)      Pero el coronavirus puede derivar hacia el virus de la solidaridad. Es el genérico y, en cristiano, tiene otro nombre de marca: es el amor. Tienes la farmacia a la mano: abre el evangelio y lee: “Ámense unos a otros como yo les he amado”. Y ponlo en práctica: guarda las normas elementales para evitar el contagio propio y de los demás; mira a ambos lados para descubrir los verdaderos necesitados, eso, tus prójimos (hazte “próximo”); preocúpate por los grupos de más riesgo y no se lo aumentes; trata de que a todos/as les llegue la ayuda necesaria y conveniente; en definitiva, no te encierres en ti y piensa siempre en lo mejor para los demás. Así saldremos juntos adelante, como familias, como comunidades, como país… En Perú tenemos dos símbolos muy claros: “crecemos parejo, como los granos de choclo”, “nos salvamos en racimo”.

Y sigue, estás en el buen camino. Y no lo olvides, la vacuna contra el egoísmo es gratis.

P.D.- Si eres sanitario/a, policía o de las fuerzas armadas, si tienes necesariamente tareas para servir o proteger a la población en esta coyuntura, tú mismo/a hazte la prueba: si lo llevas el servicio con dedicación, responsabilidad y alegría estás claramente en el camino de la solidaridad. ¡Felicitaciones! Si lo haces amargado, requintando, sacando cuerpo, abusando… ¡cuidado! Te han inoculado el virus del egoísmo. Vacúnate.