Jesús se encarna en la humanidad del migrante

20 diciembre, 2018

JESÚS SE ENCARNA EN LA HUMANIDAD DEL MIGRANTE

por Mercedes Silvia Mays Maguiña, religiosa Franciscana Misionera de María y Miembro del equipo de Movilidad Humana de la Parroquia Nuestra Señora del Camino, Lima.

Hace más de un año veíamos rostros nuevos y los comentarios eran: son venezolanos. Muchos de ellos jóvenes y otros con familia. En nuestro barrio que es una zona popular algunos nos preguntaban por cuartos en alquiler, luego se hicieron vendedores informales de las calles. Al entablar diálogo con ello, nos contaban que habían llegado al Perú en un viaje de siete o más días, con miedos y temores, paradas y humillaciones al pasar por las fronteras de Colombia, Ecuador y muchos sin comer, sin dinero. Habían salido huyendo de la violencia represiva del gobierno de Nicolás Maduro que los ha llevado a una crisis humanitaria. Por eso traían angustia, preocupación, hambre y enfermedad, junto a otras necesidades que les estaban robando su dignidad humana. Por ello tomaron la decisión de arrancarse de su tierra, dejar sus propiedades y lo más doloroso, alejarse de sus seres tan queridos.

Parte de nuestra realidad

Ahora los migrantes son parte de nuestra realidad. Empezamos a recoger sus experiencias como parte de nuestra vida, atentas a la escucha, y con el propósito de acompañar el camino que ya han iniciado desde su salida, hombres y mujeres valientes afrontando peligros, amenazas, viviendo en la inseguridad y sólo fiados y fiadas de la única verdad y meta: la de buscar un futuro mejor para ayudar a sus familias en Venezuela. Ellos van haciendo la experiencia de un Dios encarnado que les acompaña en esta itinerancia hacia lo desconocido, pero bajo el misterio del amor misericordioso de Dios que los va conduciendo por caminos de esperanza.

Aunque a veces también hay caminos en contra, como cuando ven que el costo del alquiler de cuartos es muy elevado, por eso viven en hacinamiento. Algunos en esta zona van encontrando trabajo, pero con oferta de mano de obra barata. Muchos de ellos están en los mercados mayoristas de frutas y verduras para cargar y descargar bultos desde la madrugada hasta el atardecer. También van a vender como ambulantes al centro comercial Gamarra, o están en el Camal de Yerbateros, en restaurantes, fábricas. Gran parte de ellos suelen tener títulos universitarios, profesionales y técnicos, pero por carecer del PTP (Permiso temporal de Permanencia) y otras exigencias más, no les es posible ejercerlos.

Respuesta a este drama

Desde el principio nos constituimos como equipo de la Pastoral Social de Movilidad Humana, las congregaciones presentes en la Parroquia “Nuestra Señora del Camino” de Yerbateros: Buen Pastor y Divina Misericordia, Hermanas Mercedarias Misioneras de Berriz, Hermanas de la Caridad de Santa Ana, Franciscanas Misioneras de María, los hermanos de San Juan de Dios, el párroco P. Néstor, de los Misioneros de la Reconciliación del Señor de los Milagros, y algunos laicos y laicas, entre ellas las señoras del Servicio Social de la Parroquia: Doris y Sonia. Principiamos con nuestras salidas por el barrio, acogiendo, visitando casas, familias e invitándoles a participar de las reuniones de los miércoles por la noche, en el Santuario “San Martín de Porres”.

Nuestro acompañamiento se ha ido gestando en la solidaridad, percibiendo sus necesidades y poniéndonos en contacto en un primer momento como el equipo de Movilidad Humana de los religiosos Scalabrinianos, ellos que cuentan con gran experiencia, para que nos orienten en los trámites que deben seguir en Migraciones. Así mismo, muchos de los migrantes se encontraban en situación de vulnerabilidad. Por ello se adecuó dos casas de la Parroquia, disponiéndose de los cuartos de la Casa Pastoral y de la otra Casa para proteger a las Mujeres en riesgo. De otro lado, las hnas. Mercedarias tienen la Cuna Parroquial “San José” (guardería) en la zona 7 de Octubre y ahora acogen también a algunos de los niños y niñas de familias venezolanas.

Hemos establecido reuniones cada semana, donde tratamos de vivir comprometidas con los principios del papa Francisco, que nos invita a vivir con los Migrantes para acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas de Venezuela. Encontramos que es un espacio que mueve a crecer en espíritu de familia, encarnar la oración, donde la convivencia fraterna es saludable porque se crea un clima de confianza y apertura, donde libremente comparten sus sentimientos, preocupaciones y emociones, en la medida que van abriéndose a la confianza, a la esperanza en nuestra comunicación. Vivimos el amor solidario y rescatamos sus dones y talentos como el canto, la música, la danza.

 

Ayuda en red

Hemos establecido redes y nos apoyan con los casos más vulnerables: la Conferencia Episcopal Peruana –Dpto. de Pastoral de Movilidad Humana (a cargo de los Scalabrinianos, que han abierto una Casa de acogida en San Miguel), así también con “Encuentros de Solidaridad Jesuita” que trabajan junto a ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados), la CONFER (Conferencia de religiosos y religiosas del Perú –Dpto. JPIC (Justicia, Paz e Integridad de la Creación –Derechos Humanos). Trabajar en red nos une a otras congregaciones y parroquias que están en este trabajo. Y, para seguir fortaleciendo la asistencia humanitaria y la defensa de la población venezolana en el Perú, nos reunimos en Mesa de Trabajo con organizaciones y espacios comunitarios y con las instituciones de la Iglesia ya mencionadas, para gestionar actividades también con la presencia de las ONG Fuerza venezolana, Unión venezolana y con las Confesiones Interreligiosas en CEAS, donde Encuentros apoyó un proyecto de nuestra parroquia con la ayuda de la Iglesia Luterana, implementando los cuartos de acogida con camarotes y colchones.

Últimamente han sido invitadas las instituciones gubernamentales: como Migraciones, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, el Ministerio del Interior, de Trabajo y Educación quienes nos orientan y apoyan con capacitaciones y respuestas a consultas que surgen dentro de la complejidad de este tema. En este tiempo propicio, hemos realizado otras actividades con el fin de sensibilizar a la ciudadanía, estableciendo relaciones interculturales entre Perú y Venezuela en alianza y trabajando en red con las otras instituciones, para ir educando en la unidad y solidaridad y generar así una convivencia fraterna y saludable para la paz y justicia de una sociedad fragmentada. Así vamos caminando, conscientes de que esto es un aprendizaje en la complejidad de esta nueva realidad, de encuentro para nosotros y nosotras y de salida y llegada a nuestro país para los hermanos y hermanas de Venezuela.

Navidad con rostro del migrante

Dejemos aletear el espíritu de Navidad, que se aproxima y nos recuerda el nacimiento de Jesús encarnado en esta humanidad del SER MIGRANTE. Busca descubrirnos el misterio de su gran Amor, anunciando que es el Hijo del Dios Padre, un Dios sin fronteras, hermanado con todas sus criaturas sin distinción, y que su proyecto se desvirtúa por los pecados sociales del poder, del tener, el de la violencia y corrupción de nuestras autoridades, que desfiguran la belleza de la Unidad del Dios Trino y Uno. Por eso nos invita a alegrarnos con su NACIMIENTO, que va a transformar nuestra humanidad para colmarla de su espíritu de amor, misericordia, bondad y ternura, acogiendo la vulnerabilidad del ser migrante y comprendiendo la suma de experiencias que ya traen desde su salida cargada de heridas y que aumenta a veces en este camino de itinerancia, hasta llegar a su destino queriendo alcanzar un sueño. Somos invitados e invitadas a ser parte de ese sueño que buscan, que se va realizando al curar sus heridas y nuestras heridas en este proceso de conocimento, diálogo y escucha. Llevemos la alegría de la Buena Noticia de Jesús, alentando sus proyectos para dejar nacer algo nuevo en medio de nuestra sociedad intercultural, con gestos solidarios y fraternos más allá de la discriminación y prejuicios, poniendo ambas realidades en nuestra única mirada hacia el Amor de Jesús Niño, que nos dice con el papa Francisco: No se dejen robar la esperanza, ahora y siempre.