Francisco y su encuentro con la Iglesia de los pobres

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“¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”, fueron las palabras, que casi como una confesión, el Papa Francisco dirigió a los representantes de la prensa internacional en el Aula Pablo VI a pocos días de su elección. Y las dijo para explicar de dónde había nacido la elección del nombre Francisco. Para el Cardenal Bergoglio, Francisco de Asís “es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación”. Y, en el momento de su elección pontificia,  sintió que el Señor le pedía a él también que guiara a la Iglesia por ese camino.

Jorge Mario Bergoglio, desde su época de sacerdote jesuita, se ha caracterizado por vivir en cercanía y solidaridad con los pobres. Siendo Arzobispo de Buenos Aires continuó visitando las villas miseria de las periferias de la gran ciudad. Son muchas las personas de esos barrios que lo recuerdan con gratitud y admiración como un sacerdote humilde, cercano, despojado de toda pretensión mundana y que en todo reflejaba un sincero deseo de servir. A muchos les sorprendía que llegara en transporte público y caminando, y no en lujoso auto privado con chofer. También tuvo intervenciones públicas exigiendo a las autoridades que actuaran con responsabilidad y atención a las necesidades de los pobres. Su pontificado está en continuidad con su trayectoria sacerdotal y con una fuerte tradición de la Iglesia que viene de Jesús de Nazaret.

En efecto, la presencia de la pobreza y de los pobres en la Iglesia hunde sus raíces en el mensaje y en los signos de su Fundador. Pero la Iglesia no siempre ha sido fiel a ese mensaje y con el correr de los tiempos fue cayendo en la tentación del poder y de la riqueza. Mil doscientos años después de Jesús de Nazaret, Francisco de Asís acogió con nueva radicalidad y frescura su mensaje e inició un movimiento de reforma de la Iglesia por el camino de la pobreza y de la humildad que tuvo buenos efectos en un sector de la Iglesia.

En la segunda mitad del siglo XX, con la convocatoria del Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII hizo un nuevo llamado en esa dirección. “Para los países subdesarrollados la Iglesia se presenta como es y cómo quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres”. Con estas palabras proféticas, en su Radiomensaje del 11 de septiembre de 1962, un mes antes del inicio del Concilio, el Papa Juan XXIII invitaba a los cristianos y sobre todo a sus “hermanos Obispos” a llevar una vida de pobreza y a ser una “Iglesia sierva y pobre”. El Concilio acogió el llamado del “Papa Bueno” – como afectuosamente se le llamaba – y desarrolló una profunda y renovada reflexión sobre la Iglesia y su misión evangelizadora, afirmando que ella “reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo” (LG 8). Es ese el mensaje que nos trae el Papa.

En colaboración con el Centro de prensa OSEVOZ.