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El Papa Francisco celebró la eucaristía en la explanada de la playa de Huanchaco en Trujillo junto a una multitud de personas que llegaron desde distintos lugares de nuestro norte peruano.

Trujillo ha significado para Francisco el símil con la cotidianeidad que vivió Jesús y sus discípulos. El mar de fondo ha recordado dos cosas: la necesidad de la gente por “ganarse la vida” y la experiencia de los golpes producidos por “la bravura de la naturaleza”. Esto segundo, experimentado con el “niño costero” del 2017 en nuestro país, ha motivado la visita y la compañía espiritual, a través de la oración del Papa en Trujillo.  Frente a ello  dijo  que “estos sacudones cuestionan y ponen en juego el valor de nuestro espíritu y de nuestras actitudes más elementales” y nos llevan a tomar consciencia de que “no tenemos un Dios ajeno a lo que sentimos y sufrimos, al contrario, en medio del dolor nos entrega su mano”.

También llamó  a una revisión de los valores, las actitudes con las que “hemos llenado nuestras vidas” para estar “en medio de la oscuridad junto a tantos otros que fueron cirios vivos que iluminaron el camino” porque “hay cosas, como bien saben, que no se improvisan y mucho menos se compran”.  Así, en esos momentos determinados de nuestra historia, se medirá cómo la comunidad se logra unir para enfrentar las adversidades y mantener la esperanza, ante los cual Francisco nos dice con fuerza: “los peruanos en este momento tienen derecho a no dejarse robar la esperanza”.

Hoy ha preguntado: ¿cuántas lágrimas has secado hoy?  en importante conexión con la pregunta que hizo en Chile: ¿Alguna vez abandoné a alguien tirado en el camino? para expresar que “la fe nos abre a tener un amor concreto, de obras, de manos tendidas, de compasión; que sabe construir y reconstruir la esperanza cuando parece que todo se pierde”.   Por eso con una clara invitación a estar presentes aun cuando es más evidente la crisis, el Papa no ha dejado de mencionar la otra tara de esta tierra, que es la violencia organizada a través del sicariato y la inseguridad que eso genera.

Ayer invitaba a los jóvenes en Puerto Maldonado a formarse y no perder las oportunidades para luego devolver lo aprendido a la sociedad, hoy, en Trujillo, menciona la gran brecha que existe para construir un futuro con dignidad cuando es evidente la falta de oportunidades educativas y laborales para los jóvenes; ante la evidente situación de precariedad, acuerdos no cumplidos y a la espera de la reconstrucción, Francisco nos anunció a los presentes:  “en Jesús, tenemos la fuerza del Espíritu para no naturalizar lo que nos hace daño, lo que nos seca el espíritu y lo que es peor, nos roba la esperanza”. Asimismo, nos estimuló a ser una comunidad creyente que sabe sostenerse, siendo “una comunidad que espera y por lo tanto lucha para revertir y transformar las múltiples adversidades”.


En colaboración con el Centro de prensa OSEVOZ.