El Niño Costero: efectos y complejidades

21 junio, 2017

TEMA DEL MES

 Por: Fernando Eguren, director del Centro Peruano de Estudios Sociales.

El Niño Costero (NC) fue un evento climático extremo no previsible, tanto por el momento en que ocurrió como por su magnitud. A fines del 2016 y comienzos del 2017, la preocupación era la sequía, su incidencia en un amplio territorio y la posibilidad de que se alargase en el tiempo. El diario El Comercio informaba, en diciembre del 2016, que ésta asolaba un gran número de departamentos del país, al punto que se ampliaría el estado de emergencia en 17 de ellos, incluyendo Piura y Lambayeque[1]. En una fecha tan cercana al inicio del NC, a mediados de enero de este año, el Comité Multisectorial encargado del estudio nacional del Fenómeno El Niño estimaba que la ocurrencia de un Fenómeno El Niño, era improbable[2].

Apenas tres meses después, Piura era objeto de una de las más grandes inundaciones de su historia reciente por las intensas lluvias y el desborde del río del mismo nombre, extendiéndose sobre ciudades y campos agrícolas. Su caudal alcanzó los 3400m3, cuando el nivel máximo de la cuenca es de 2200m3. Otros departamentos fueron también afectados -14 en total- con mayor o menor intensidad.

Apenas tres meses después, Piura era objeto de una de las más grandes inundaciones de su historia reciente por las intensas lluvias y el desborde del río del mismo nombre, extendiéndose sobre ciudades y campos agrícolas. Su caudal alcanzó los 3400m3, cuando el nivel máximo de la cuenca es de 2200m3. Otros departamentos fueron también afectados -14 en total- con mayor o menor intensidad.

 

La infraestrutura de educación sufrió también los efectos de las lluvias, inundaciones y huaicos; quedaron destruidas 250 instituciones educativas y casi 2500 fueron afectadas.
Crédito: andina.com.pe

 

IMPREVISIBILIDAD DEL FENÓMENO

A diferencia del Fenómeno El Niño (EFEN), cuya generación y desarrollo se expande durante varios meses y sus impactos se dejan sentir en varios países, el NC fue imprevisible y de alcance local. En palabras del Dr. Ken Takahashi, director de Ciencias de la Atmósfera e Hidrósfera del Instituto Geofísico del Perú (IGP) y miembro del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), “Lo que sucede ahora (el Niño costero) no es producido por las ondas Kelvin (ondas calientes) de las costas del Pacífico oeste, provenientes de Australia, y que tienen un alcance hasta el Pacífico central (Fenómeno El Niño), sino por un evento meteorológico estrictamente local, frente a las costas de Perú y Ecuador”. El antecedente más parecido al NC ocurrió el año 1925[3].

A la imprevisibilidad del NC se agrega la falta de previsión por parte del Estado en sus diferentes niveles, no sólo en la concepción y realización de obras de infraestructura sin tomar en cuenta los riesgos de eventos climáticos extremos, sino también de la población, poco preparada para responder adecuadamente a sus impactos. En realidad, Estado y población deberían estar preparados para afrontar coordinadamente estas situaciones, correspondiendo sobre todo al primero la principal responsabilidad para lograr precisamente dicha coordinación.

Los impactos del NC han sido importantes, sobre todo en la costa norte, tanto en áreas urbanas como rurales. Según INDECI, más de 47 mil viviendas fueron destruidas y otras 249 mil afectadas. Se perdieron 28 mil hectáreas de cultivos –una extensión mayor que la de todo el valle de Huaral-; un área aún más grande, superior a las 70 mil hectáreas, fue afectada, todo lo cual redundará en una importante reducción de la producción y de los ingresos, sobre todo de pequeños agricultores. Los estimados del presidente de CONVEAGRO, Héctor Carrasco, revelarían una situación mucho más grave, pues habría 90 mil hectáreas de cultivos perdidos y 100 mil afectadas[4]. Sería de provecho para todos que los diferentes estimados revelasen las metodologías y las fuentes de información utilizadas para llegar a cifras tan diversas.

La infraestructura de educación sufrió también los efectos de las lluvias, inundaciones y huaicos; quedaron destruidas 250 instituciones educativas y casi 2500 fueron afectadas. El Niño Costero, además, generó las condiciones para la propagación de enfermedades, sobre todo del dengue (se confirmaron más de 10 mil casos, pero el total de casos probables es de 23.5 mil más, registrados del 7 al 13 de mayo)[5].

Como era de esperar, parte de la infraestructura vial, en particular de vías rurales, fue destruida totalmente –5.800 kilómetros– o parcialmente –53.000 km–. En razón de ello, un informe de las Naciones Unidas evalúa que “el principal problema para los agricultores afectados es la imposibilidad que tienen para trasladar sus productos a los mercados y a los puertos más cercanos…”[6].

Una de las primeras respuestas del gobierno a los efectos desastrosos del NC fue a través del ministro de Agricultura, José Hernández, quién informó que se entregarían bonos de S/1000 por hectárea a los agricultores perjudicados, pero es considerado insuficiente por los agricultores, quienes estiman que se requerían al menos cinco mil soles por hectárea.
Crédito: andina.com.pe

RECONSTRUCCIÓN CON CAMBIOS

Con un sentido más abarcador y multisectorial, el Gobierno dio la ley 30556 que aprueba una serie de disposiciones para hacer frente a los desastres, y que crea la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios. Pablo de la Flor fue nombrado director ejecutivo de dicho organismo. De la Flor tiene un sólido curriculum vitae, sustentado en sus estudios de economía y administración pública en prestigiosas universidades de los Estados Unidos. Fue jefe del equipo negociador del tratado de libre comercio con los Estados Unidos, firmado en el año 2016, en su calidad de viceministro de Comercio Exterior. Este acuerdo fue fuertemente criticado en su momento por CONVEAGRO por reducir al mínimo los aranceles a la importación de los productos agrícolas subsidiados provenientes de ese país, perjudicando a los productores peruanos de un grupo de cultivos llamados sensibles. De la Flor ha sido, además, uno de los gerentes del Banco de Crédito –su último cargo- y vicepresidente de Asuntos Corporativos y Medio Ambiente de la Compañía Minera Antamina[7]. La pregunta es con qué criterio conducirá el proceso de reconstrucción, dada su identificación con la empresa privada.

A este respecto es pertinente la alerta de Paul Maquet, comunicador y docente en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, del riesgo de que la reconstrucción finalmente sirva para un afianzamiento y expansión del poder del capital y de las políticas neoliberales[8]. Se refiere a la periodista canadiense Noemi Klein, autora del libro La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre[9], para quien esta doctrina “orienta los procesos de reconstrucción implementados como respuesta tanto a los efectos de intervenciones militares como a desastres naturales de distinto tipo, abriendo apetitosas oportunidades de negocio a los agentes, defensores y promotores del capitalismo del desastre. El objetivo: aprovechar la oportunidad para desmantelar el Estado y la lógica del bien común, y promover a nivel global el modelo de desarrollo neoliberal.”

No podría estar más de acuerdo con las conclusiones de Maquet: “Todos estamos de acuerdo en que se requiere una reconstrucción con cambios: cambios que deben orientarse hacia la prevención, la adaptación y mitigación del cambio climático, la planificación y el ordenamiento territorial, la participación social y la sostenibilidad ambiental, poniendo en el centro el bien común y el interés público. Estemos atentos ante la posibilidad de que, siguiendo la «doctrina del shock», se pretenda utilizar esta tragedia nacional para impulsar una agenda subalterna.”

  1. http://elcomercio.pe/peru/sequia-peru-ampliaran-17-numero-regiones-emergencia-152233
  2. Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Comunicado 01-2017 http://www.indeci.gob.pe/objetos/bdiario/MTc1MQ==/r201704121029321.pdf
  3. Dimitri Gutiérrez, doctor en Oceanografía y coordinador del grupo técnico del ENFEN, asevera que “El caso más similar es el de 1925”. En el mismo sentido, Arturo Rocha, consultor de proyectos hidráulicos, afirma que “se podría hablar de 1925 (enero-abril) como un año muy lluvioso en la costa norte, con casi todas las características que usualmente se atribuyen al Fenómeno El Niño, pero que no es compatible con él, tal como se le define internacionalmente”. Las famosas lluvias de 1925 y 1926: ¿el primer Meganiño del siglo XX?. IV Congreso Internacional HIDRO 2011. Lima, mayo 2011. http://apiperu.com.pe/Presentaciones/hidraulica/5-EL-NINO/E-Famosas_Lluvias_1925-1926_Nuevo.pdf
  4. INDECI (2017). Reporte de situación de lluvias (COEN-INDECI), Reporte de información del Ministerio de Salud como consecuencia del Niño Costero.
  5. MINSA. Resumen ejecutivo de la situación en salud a nivel nacional. Mayo 23, 2017. http://www.digerd.minsa.gob.pe/web/jpdf/resumen%20ejecutivo/Resumen%20ejecutivo%20-%20Monitoreo%20y%20an%C3%A1lisis%2023-05-17%201200%20hrs.pdf
  6. UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs (april 2017). North Coast of Peru 2017 Flash Appeal. P. 17. . http://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/-PE-Flash_Appeal_ENG_1000_hrs_%28PUBLIC%29-20170410-CV-20519.pdf
  7. Ver más detalles en https://www.linkedin.com/in/pablo-de-la-flor-ba11b5a3/?trk=public-profile-join-page.
  8. “Cuidado con la ‘doctrina del shock’”. En http://cooperaccion.org.pe/main/opinion/724-cuidado-con-la-doctrina-del-shock
  9. Accesible en http://bit.ly/2rb17QI