Educación, ética y corrupción: unir todas las luchas

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Pdre. Miguel Cruzado Silveri, SJ


Fue Consejero General y Asistente Regional para América Latina Meridional en la Curia General (Roma), cargo que ejerció de 2014 a 2016. También fue Provincial de la Compañía de Jesús en el Perú, desde 2010 hasta 2014.
Responder como sociedad implicaría unir todas sus luchas éticas, sin que cada una pierda su propia identidad y fuerza, para hacer frente a esta cultura de desprecio de la persona y el bien común.

 

Se inicia el año escolar en medio del abrumador estallido público de situaciones de corrupción. La corrupción no es nueva en la vida pública del Perú, pero esta vez la situación es especialmente grave porque abarca rostros y funciones centrales de nuestra vida pública. No han sido algunos funcionarios desconocidos o personajes marginales que mal usen los bienes públicos, o un grupo político particular que engaña a un sector de personas. Esta vez la corrupción aparece en el centro mismo de la institucionalidad ciudadana, hasta el más alto cargo, y abarcando casi todos los grupos políticos.

Los estudiantes, como todos, asisten a las cifras de la corrupción develada cada día, la oyen en las radios, en los titulares de los diarios, en las conversaciones cotidianas. Saben perfectamente lo que sucede y cada cual tendrá que buscar cómo hacer inteligible en su vida este escándalo masivo de inmoralidad pública al lado de lo que se le ha transmitido como valores, ciudadanía y “búsqueda democrática del bien común”, en palabras del actual currículo nacional. Los mismos referentes institucionales para educar en ciudadanía, son los que aparecen vinculados a los rostros de la corrupción.

 

Nuestros lenguajes para la formación en ética y ciudadana, han sido heridos gravemente

¿Cómo hablar de ciudadanía y valor del bien común ante la danza de fondos públicos, millones de todos los peruanos, repartidos bajo la mesa? ¿Cómo dialogar en torno a la dignidad de las personas, cuando cada líder público aparece con un precio, una dignidad barata medida en dólares? ¿Qué valor para la integridad y la honestidad cuando quienes representan a la nación son sorprendidos en mentiras flagrantes una y otra vez? Nos han robado, “quemado” decía el Papa, las palabras con que buscábamos transmitir valores ciudadanos comunes.

Los directores de Fe y Alegría reunidos hace algunas semanas tratamos de identificar algunos énfasis para hoy en la formación en valores hoy en el Perú. Pedimos ayuda a otros profesionales y educadores, a padres de familia y exalumnos y junto con ellos coincidimos en la importancia de revisar pedagogías y criterios. Algunos puntos.

 

La ausencia de mensaje es un mensaje

Recordamos que la ausencia de mensaje es un mensaje. La corrupción está enviando mensajes masivos e ignorarlo ya es un mensaje de indolencia, cansancio o tolerancia. Es preciso revitalizar, dinamizar, fortalecer el valor de la ética y los valores ciudadanos en estos tiempos de deterioro moral.

Al mismo tiempo, sabemos que no bastará con formular nuevos principios o renovar definiciones morales para fortalecer el sentido ético de quienes hoy se forman en nuestras escuelas. De lo que se trata sobre todo es formar personas sólidas con sensibilidad a la vida del otro. La persona es la condición de posibilidad del bien. Formar en valores no es formar un tipo de persona, sino formar personas. Personas integras, capaces de discernir en la vida y empáticas con el dolor del otro.

Recordamos que los valores no son emblemas a colocar sobre las personas, sino criterios para discernir y saber situarse ante situaciones concretas, moralmente exigentes a lo largo de la vida.

Personas que se forman “en relación”. Los valores se reconocen en la calidad de los vínculos y modos de relación que cotidianamente construimos en la casa o en la escuela. La escuela es ella misma formadora como espacio de convivencia, relación con otros y reconocimiento de la diversidad y de aceptación de las diferencias.

Personas que “aprenden de otras personas”. Los valores se transmiten con lo que se es, no sólo con lo que decimos que debe ser. Necesitamos el testimonio de educadores íntegros y responsables. No se trata de buscar héroes o santos –eliminemos los lenguajes grandilocuentes de la vida pública-, sino de ciudadanos íntegros y responsables –educadores, padres y madres de familia, líderes públicos que viven coherente y responsablemente con lo que se espera de ellos. La promoción de la integridad podría ser una revolución moral en el Perú hoy.

 

Estos y muchos otros son temas a seguir en la formación ética en la escuela.

Sin embargo, y sobre todo, recordamos que el Perú educa como sociedad. Lo que seamos como sociedad, lo que hagamos o dejemos de hacer ante la crisis moral que vivimos es un mensaje formador para las nuevas generaciones del Perú.

Por ello es preciso señalar que la corrupción de la política se nutre de una visión de sociedad que desprecia el valor del bien común, para promover la búsqueda del beneficio individual a todo costo y a costa de todo. Una visión de sociedad que llama libertad al derecho de pasar por encima del otro, que coloca cosas a consumir sobre la vida y dignidad de las personas.

Es la misma cultura y visión de sociedad que subterráneamente y como un monstruo silencioso ingresa a nuestros sentidos comunes y banaliza la inequidad de género, legitima la destrucción medio ambiental, relativiza formas de precarización y maltrato laboral. Todo en nombre de una promesa de enriquecimiento privado a todo costo como motor de la vida y felicidad social. A todo costo, casi sin ley, que descarta a todo aquel que no produce, que no está en posición de ataque, que no se puede defender.

 

 

Unir todas las luchas

Es esta matriz de la que somos víctimas y a la que hay que responder como sociedad. Es en esta matriz de sociedad que parece normal utilizar el servicio y bien público para enriquecerse personalmente, o recurrir a recursos de la corrupción para construir su liderazgo.

Responder como sociedad implicaría unir todas sus luchas éticas, sin que cada una pierda su propia identidad y fuerza, para hacer frente a esta cultura de desprecio de la persona y el bien común. Unir la preocupación de las familias por seguridad y paz, de las mujeres por equidad y justicia, de los pueblos originarios por reconocimiento, de todos por un medio ambiente limpio y el derecho de todos a una educación de calidad. Luchar contra la corrupción requiere trabajar por otro modo de vivir juntos.

 

Artículo elaborado para el Servicio de prensa OSEVOZ.