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EDITORIAL

El evento “El Niño Costero” ha sido lo más devastador que hemos vivido en décadas. Hasta el cierre de este editorial, el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), registraba un total de 90 muertos, 347 heridos, 20 desaparecidos y 120,899 damnificados. Además de eso, una pérdida millonaria en infraestructura pública, en sembríos, etc.

En medio de esta terrible situación, los peruanos nos hemos solidarizado para superar el impacto de este fenómeno. Las donaciones y esfuerzo desplegado por los voluntarios han sido de mucha ayuda para socorrer a las familias peruanas afectadas en los puntos más críticos del país. Se necesitan muchas más manos y es por esa razón que el propio Presidente de la República ha pedido más apoyo de los ciudadanos ha habilitado la página: www.unasolafuerza.pe donde todos y todas  pueden inscribirse para ser voluntarios. Además, el trabajo descentralizado emprendido por el presidente y el gabinete ha sido fundamental para mitigar los efectos del desastre, no solamente como ayuda material y de coordinación con la región y localidades, sino como presencia de la cara del Estado con los afectados, algo que no es tan común entre nosotros.  Sin embargo, después de pasada esta emergencia, también es necesario reflexionar sobre el gran impacto que ha tenido el Niño Costero en nuestro país, que a diferencia de Ecuador. ¿No ha sido acaso una negligencia recurrente y acumulada  de nuestras autoridades no prevenirlo?  Capitales de 4 regiones importantes y de gran población  (Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad)  han colapsado en la gestión de servicios públicos básicos como agua, desagüe, educación y salud. Pero sobre todo, miremos las graves consecuencias en nuestros hermanos más pobres que aparecieron tras los huaicos en tantos lugares lejanos y aislados.

El deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta

Esta frase  del Papa Francisco en la encíclica LAUDATO SI’, resume algo muy cierto, los efectos del cambio climático afectan sobre todo a los más pobres. Si evaluamos cuáles han sido las zonas más afectadas por los huaicos e inundaciones podremos ver que son las periferias de Lima (aquellas casas cerca a las quebradas o al río), nuestras provincias y áreas rurales que se han quedado aisladas, así como pueblos pequeños en las periferias de las ciudades, allí donde viven los invisibles. Esto no es casualidad, esto responde a una falta de previsión condenable. Y paradójicamente se viene hablando desde hace varios años de un desarrollo económico en nuestro país. Sin embargo, ante un desastre que pudo haberse evitado con medidas de prevención,  nos damos cuenta de la real precariedad y abandono en la que viven tantos peruanos y peruanas.

La creación no es la responsable

Es cierto que es deber de todas y todos cuidar nuestra creación, pero en este caso concreto, hay responsabilidades que deben hacerse explícitas. No podemos resignarnos a pensar que nuestra naturaleza es la responsable de toda la catástrofe que estamos viviendo. Tampoco es casualidad que los más afectados sean los sectores más vulnerables que viven en las quebradas, en los márgenes del río, etc. donde probablemente no deberían estar. Debemos entender que son nuestras autoridades locales, regionales y nacionales las que deben tomar medidas preventivas desde el Estado gestionar los recursos para que los efectos del Niño Costero u cualquier otro fenómeno, no tenga el impacto desastroso que ha tenido en nuestro país, que son ellos los responsables de construir infraestructura resistente y de calidad que no se “desplome” ante una crecida del río, que diseñen ciudades en las que todos y todas podamos tener una vivienda digna, fuera de peligro de las lluvias o huaycos.

Pero seamos claros, no solo estamos llamados a reconstruir materialmente la infraestructura afectada. A la par, autoridades y ciudadanos estamos llamados a cambiar de mentalidad adoptando una cultura preventiva que se exprese cotidianamente en nuestras formas de vida y  que a la base conlleve el respeto a la Creación como nos lo ha recordado el Papa Francisco.