[EDITORIAL] Los retornantes que huyen del hambre

25 mayo, 2020

[EDITORIAL]

Los retornantes que huyen del hambre

Apenas unas semanas después de iniciada la cuarentena, los medios de comunicación reportaban la situación de un gran grupo de personas que intentaban retornar a sus regiones en medio de la pandemia por la COVID-19. La desesperación que los llevaba a tomar esta decisión se escuchaba desde sus propias palabras: “no tenemos para comer”. Ese “no tenemos para comer” probablemente es la frase más repetida en todos los reportes de los noticieros. Son esas las postales tristes que nos viene dejando este virus, mujeres y hombres en las calles, arriesgando sus vidas en plena cuarentena porque no tienen otra opción que decidir entre morir de hambre o morir por COVID-19. Ya lo sabemos todos, las consecuencias más graves de esta pandemia las pagarán los segmentos más empobrecidos. Varios economistas ya empiezan a hacer sus pronósticos sobre los efectos de esta crisis que sin duda exacerbará la desigualdad en el mundo.

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática publicado a mediados de mayo, durante los meses de febrero, marzo y abril del 2020, en Lima, 1 millón 216 mil 600 peruanos perdieron su empleo debido a las medidas restrictivas por la cuarentena. El empleo informal ha sido bastante más golpeado que el empleo formal, según el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE). Esta situación compleja ha hecho insostenible la cuarentena para muchos peruanos y peruanas que son, sobre todo, quienes trabajaban en esa condición. A lo largo de estos días hemos podido conocer varios casos que nos dan una idea de la situación de los “retornantes”. Muchos de ellos indicaron que al perder sus empleos se limitaron sus posibilidades de seguir pagando un espacio para vivir en la capital y de costear los alimentos de sus familias. Algunos otros indican vivir en el campo y vienen a trabajar solo temporalmente a Lima, es decir, no viven perennemente en la capital pero la cuarentena no los dejaba regresar. Hay casos también de personas que decidieron volver a sus regiones para cuidar a familiares enfermos o personas en riesgo.

Aunque por parte del Estado se ha tratado de atender esta situación abriendo padrones de migrantes, habilitando buses, aviones y comida, nada parece ser suficiente por la gran cantidad de personas que siguen intentando retornar. Preocupa también la precariedad en la que se encuentran muchas comunidades que tendrán que recibir a los retornantes, probablemente algunos contagiados con la COVID – 19. Ese es el principal impacto que muchos temen y por ello varias comunidades se han organizado para cerrar sus fronteras. En este contexto, junto a las medidas de sanidad como la cuarentena, necesitamos también de la empatía, la solidaridad y los lazos comunitarios para hacer menos difícil esta realidad terrible que vivimos. Un ejemplo de ello es lo que el Obispo de Jaén, monseñor Alfredo Vizcarra, comentó hace algunos días en una entrevista. El Vicariato Apostólico de Jaén junto a religiosos, laicos e instituciones diversas, acompañaron a quienes se pusieron en marcha hacia algunas zonas de la Amazonía.“Es tanto tiempo en la carretera. Esto necesitaba una reacción inmediata”. Esa reacción inmediata de la que habla monseñor Vizcarra, ha sido replicada por muchos peruanos nobles en el trayecto, haciendo ese camino de regreso, un poco menos duro para los retornantes. Se necesita con urgencia fortalecer los servicios de salud de las regiones tanto en las zonas urbanas como rurales.

Hay todavía muchos sectores que están buscando salir de Lima, los albergues temporales del Estado siguen funcionando. Sin embargo, no olvidemos que también desde la Iglesia y la sociedad civil tenemos mucho por hacer. La esperanza es la única que nos moviliza a todos y todas frente a este virus de muerte, esa esperanza se expresa en simples gestos de solidaridad y humanidad que pueden cambiar el camino de alguien que lo necesita.