[Editorial] Es tiempo de solidaridad

17 abril, 2020

[EDITORIAL]

Es tiempo de solidaridad

“Para muchos, permanecer en casa ha sido una ocasión para reflexionar, para detener el frenético ritmo de vida, para estar con los seres queridos y disfrutar de su compañía. Pero también es para muchos un tiempo de preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis actual trae consigo”, nos dijo el papa Francisco en su mensaje pascual. Sin duda, este momento de crisis que vive el mundo no impacta en la vida de todos de la misma manera.

Si bien, antes de esta pandemia ya existía una gran desigualdad en nuestro país, hoy se revelan más que nunca esas diferencias que, en muchos casos profundizan la pobreza de estas poblaciones, volviendolas más vulnerables al COVID 19.

¿Dónde encontramos el rostro de Cristo?

Es parte de nuestro sentido de supervivencia pensar en nuestro bienestar y el de nuestro círculo cercano cuando vemos nuestra vida amenazada. Y, aunque, la situación que se nos puso enfrente con esta pandemia nos obliga a ponernos a salvo alejandonos fisicamente de los otros, esa distancia que hoy nos salva del contagio no debe incluir una distancia actitudinal y tampoco espiritual. Justamente en aquellos que viven en las periferias, que sufren de graves enfermedades o que no tienen un hogar donde guarecerse, encontramos el rostro de Cristo.

Cristo está en aquellos que sufren de TBC y que en este momento no están recibiendo su canasta de alimentos que por derecho les corresponde mensualmente. Muchos viven con miedo a que sus familares se expongan a contagiarse ya que por la cuarentena deben mantener un encierro obligatorio. Cristo está también en aquellos hermanos y hermanas de nuestros pueblos indígenas de la Amazonía que no cuentan con centros de salud suficientes para atender los casos de Dengue y Coronavirus que se están presentando en la zona. Cristo también está en aquellos vulnerables que hoy viven en condiciones de pobreza en Chiclayo, golpeados por el Fenómeno del Niño en el año 2017 y que hoy  pasan la cuarentena en módulos prefabricados en medio de una serie de carencias y que ahora, que no pueden trabajar, no tienen qué comer.  En los pobres de nuestra comunidad podemos ver el rostro de Cristo que también se hizo pobre por nosotros.

“Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen un hogar. Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos”- Papa Francisco.

Hoy es tiempo de solidaridad y de practicar la caridad con aquellos que hoy ven sus posibilidades más difíciles que las nuestras. Como lo ha dicho Francisco, no debemos caer en una caridad hipócrita o engañosa identificada con la limosna para calmar nuestras mentes inquietas. Puede parecer difícil ayudar en medio de este confinamiento pero existen algunas maneras y depende de nuestra disposición y creatividad. Ayudamos, comprando sólo lo necesario sin acaparamientos para que otros también puedan tener alimentos disponibles, denunciando la especulación de los precios en los mercados y bodegas. Siendo solidarios en nuestra comunidad, creando cadenas de apoyo con los que más necesitan, pero sobre todo, visibilizando los casos que hemos mencionado antes y otros tantos que conozcamos para que las autoridades del Estado y de la Iglesia enfoquen sus esfuerzos en atenderlos, tomando en cuenta sus particularidades. Recordemos, como dice el Papa Francisco, que es necesario dejar de lado las divisiones, fijemos la mirada en lo esencial, que no requiere muchas palabras sino una mirada de amor y una mano tendida.