[EDITORIAL] ¿Cómo vivir el duelo en confinamiento?

19 agosto, 2020

[EDITORIAL]

¿Cómo vivir el duelo en confinamiento?

 

Una situación tan trágica como la que vive nuestro país y el mundo nos está dejando una serie de problemas difíciles de afrontar. Hemos perdido mucho. Hemos perdido hábitos, hemos perdido contacto físico con familiares y amigos, hemos perdido empleos, pero lo más angustiante y doloroso es que hemos perdido las vidas de personas que amamos.

En este contexto, la muerte es una noticia diaria que llega a nosotros por todos los medios y que funciona como advertencia para que cuidemos de nosotros y de los demás. Al haber colapsado nuestro sistema de salud, la muerte ha cobrado una forma distinta que nos atemoriza. Implica una agonía previa personal y familiar por la búsqueda de atención médica, representa un gasto económico enorme que ha dejado endeudadas a muchas familias y, en todos los casos, en medio de este confinamiento, ese final puede terminar siendo una batalla en soledad, sin un tejido social de soporte para el que padece la enfermedad ni para los que sufren la perdida que en muchos casos se hace inevitable, pese a toda la batalla, por las grandes fallas estructurales de nuestro sistema de salud.

Las muertes injustas
Es importante reconocer también que al dolor de la pérdida se le suma un sentimiento generalizado de injusticia. Recordemos que a nuestro precario sistema de salud se le adicionó el aprovechamiento de quienes buscaron lucrar con las medicinas, la atención médica o el oxígeno, esto acompañado de una lenta reacción de las autoridades y los sistemas públicos, dejando a su suerte a muchos peruanos y peruanas. Con estas muertes tempranas e injustas, se visibiliza el sufrimiento y el dolor del inocente; como cristianos y creyentes no podemos ser solo espectadores de esta injusticia. No permitamos más que en nuestro país existan “ciudadanos de segunda clase” y desde el mensaje de liberación que nos dejó Jesús en el que la muerte no vence a la vida, debemos comprometernos a seguir cuestionándonos, seguir siendo críticos y lo más importante, seguir luchando e ideando maneras creativas en medio de este contexto diferente, para construir un país en el que todas y todos tengamos una vida digna. Como lo ha dicho el padre Gustavo Gutiérrez, “hablar de Dios y del pobre es ir a contrapelo de un mundo que se fabrica una religión para su uso privado, sin problemas y cuestionamientos”. Un ejemplo de este desprendimiento y amor por el hermano es la experiencia de iniciativas como el Comando Matico y los jóvenes y adolescentes por un ambiente con justicia que contaremos en esta edición de Signos.

El duelo
Desde este espacio nos preguntamos sobre el gran desafío pastoral que tienen las mujeres y hombres de fe en medio de este confinamiento para acompañar a quienes han perdido a sus seres queridos a causa de la COVID-19. Estos tiempos han alterado la forma de sobrellevar el duelo de todos y todas, incluso en las comunidades indígenas.
Y es que el duelo suele ser compartido con otros, porque busca aliviar el dolor de la pérdida mediante el consuelo de quienes nos acompañan. Entonces, ¿cómo aceptamos una pérdida injusta en un duelo privado?

Pensamos en dos formas de acompañamiento. En este contexto, es importante practicar la escucha activa, recogiendo los sentimientos y pensamientos de quienes están experimentando una situación adversa. Recoger su dolor y hacerles sentir que no están solos. Por otro lado, pensamos que es necesario dignificar a nuestras víctimas, es decir, que no sean solo parte de frías estadísticas, sino que se les reconozca en su calidad de ciudadanos y personas. La Iglesia ha tenido gestos muy importantes en ese sentido, no olvidamos el tiempo que el Arzobispo de Lima ha dedicado para hablar y celebrar la vida de quienes ya no están a causa del coronavirus, ofreciendo una misa para despedir a nuestros difuntos, llenando la catedral de fotos de nuestros fallecidos o proponiendo el servicio de escucha para los deudos. Aún con el distanciamiento social, debemos seguir buscando maneras diferentes de acercarnos para aliviar el dolor del otro y seguir trabajando desde nuestros espacios para que no tengamos que perder más vidas a causa del egoísmo o de la injusticia. Como lo hizo el apóstol Pedro al caminar sobre las aguas, debemos confiar en el resucitado, en que la vida siempre vencerá a la muerte. Confiemos en que el Dios de la vida está con nosotros.