Daniela Andrade: ‘Debemos seguir honrando las voces del territorio amazónico’

22 noviembre, 2019

[ENTREVISTA]

Daniela Andrade: ‘Debemos seguir honrando las voces del territorio amazónico’

por Marycielo Palomino del Instituto Bartolomé de Las Casas.

 

Daniela Andrade es una comunicadora ecuatoriana que se desempeña como coordinadora de la Red Eclesial Panamazónica – Ecuador. Estuvo en Roma, durante la jornada del Sínodo de la Amazonía, comentando sobre los temas y debates que han discutido en esa reunión de obispos.
La Red Eclesial Panamazónica es una iniciativa que guía a la Iglesia en el proceso de encarnar el Evangelio en la Pan-Amazonía, con el fin de crear conciencia en las Américas sobre la importancia de la Amazonía para toda la humanidad y establecer, entre las iglesias locales de diversos países sudamericanos que son parte de la cuenca amazónica, una pastoral de conjunto.

 

¿Qué significa, para el mundo, realizar un Sínodo sobre la Amazonía?

El Sínodo Amazónico es un llamado a la iglesia a universal a una conversión pastoral (Evangelii gaudium), una conversión ecológica (Laudato si’) y también una conversión de la forma de ser iglesia.

Lo que ha hecho este Sínodo es que ha marcado, en estas tres dimensiones, nuevas formas de ser católicos, nuevas formas de responder a estos tiempos. Esto implica también entender que existen causas estructurales de la crisis climática y social en el mundo, y que como Iglesia tenemos que responder urgentemente a estas situaciones.

Tiene que ver con nuestra forma de ser iglesia, pero también con nuestra forma de desenvolvernos dentro de un modelo de desarrollo que, como lo dice la Laudato si’, es un modelo que genera estructuras de inequidad y muerte. Entonces, debemos trabajar en cómo responder a eso, cómo construir el Reino en medio de esas situaciones.

¿Cómo resume la importancia del papel que ha jugado la REPAM, antes, durante y después del Sínodo?

Entendemos el trabajo de REPAM como el camino que hemos impulsado en los nueve países durante dos años (de preparación del Sínodo Amazónico), un trabajo de profunda escucha donde han participado alrededor de ochenta mil personas en diferentes formatos (reuniones virtuales, asambleas nacionales, locales, etc.) de diferentes pueblos: no sólo comunidades indígenas sino personas de ciudades, grupos laicales, parroquias, vida religiosa. Eso ha marcado una gran diferencia en lo que significa este Sínodo para la propia Iglesia, ya que ningún otro ha logrado hacer una escucha tan profunda.

La idea de la REPAM desde el inicio ha sido la de ser una red que articule la vida eclesial, la vida de la Iglesia y las respuestas que da el territorio amazónico.

Centralmente el rol de REPAM ha sido el de poner oídos y ser un vehículo para que esas voces puedan llegar y ser escuchadas.

Y lo que nos corresponde ahora como REPAM es seguir honrando las voces del territorio amazónico, ser fieles a esos rostros, a esas miradas y a esas esperanzas concretas. También estar atentos a los dolores y desafíos, y a las acciones de diferentes actores que están violentando la vida.

¿Cómo sostener las propuestas de cambio del Sínodo Amazónico?

Las transformaciones, a mi modo de ver, no se generan después de una exhortación o de un documento escrito como resultado del Sínodo, sino que se traducen en la vida misma: en la cotidianidad de la iglesia local y también en la acción de los obispos y pastores, es así como realmente nos apropiamos de ello con coherencia y profetismo.
Creo que una de las grandes cosas que se ha logrado es que la periferia pueda modificar el centro, que pueda tocarlo y que ese centro se sienta interpelado para ser cambiado, pueda ser removido.