#COVID-19 Ante la muerte de un amigo kukama: mucho más allá de lo anecdótico

Por Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas
Parroquia Inmaculada – Iquitos

Un enfermo de covid-19 en Santa Rita de Castilla necesita oxígeno. Hasta acá, nada particular. Aunque tienen varios concentradores de oxígeno en el Centro de Salud, donados por el Vicariato Apostólico de Iquitos, prefieren evacuarlo a Nauta, donde hay más seguridad con el oxígeno. Todos están contentos. Se espera que en unos días pueda regresar a la comunidad restablecido. En Nauta es ingresado en Casiciaco, un centro de retiros de la Iglesia Católica cedido al Ministerio de Salud para la atención de enfermos de covid-19 mientras dure la pandemia. En este espacio hay camas contiguas con la equidistancia correspondiente.

Rodeado de muertos

En un mismo día mueren tres de los enfermos más próximos a él. Evidentemente, esto le causó una honda preocupación. Nuestro amigo llamó a su familia. La familia avisó a un médico (chamán) que le tratara. El chamán diagnosticó daño. Los familiares le sacaron de Casiciaco. La doctora les dijo que si se lo llevaban a casa se moriría porque necesitaba oxígeno. La familia se lo llevó. Nuestro amigo murió.

No faltará quien diga que ha muerto por terco, o por no saber entender o no saber hacer caso. Sin embargo, en nuestra opinión este deceso muestra otra cara de la pandemia que no se está queriendo ver: pueblos indígenas. La información oficial sigue los parámetros occidentales. Y hay pocos esfuerzos para explicar esta enfermedad en otras categorías. ¿Qué ha pasado entonces? La atención exclusivamente desde la biomedicina no es suficiente, como muestra este caso. Pero no solo eso, es injusto que en un país con tantos pueblos indígenas la única atención sea desde el punto de vista occidental, sin comprender otras dinámicas. No estamos en contra de los Centros de Salud, al contrario, ojalá hubiera más y mejor dotados, pero se necesita reconocer otras visiones de la vida, de la salud y de la enfermedad.

Hospital

Hospital es un término occidental que ha sido traducido por los kukama. En lugar de realizar un préstamo del castellano, han acudido a su propia tradición: ‘mutsanakatupaka’. Vamos por partes.

‘Mutsana’: medicina tradicional y farmacéutica. Acá ya tenemos una pista fundamental. La misma palabra para dos formas de curar, en igualdad de condiciones. Esto explica por qué un enfermo puede acudir primero a un chamán y después al hospital si la familia no está conforme. O viceversa: primero al hospital y, si recuperación se retarda, le sacan para llevarlo a un chamán. En ocasiones también a la vez: en el hospital y siendo tratado por un chamán. Los kukama consideran estas dos formas de medicina en igualdad de condiciones. Algo que no siempre se comprende desde la vida occidental.

No es este un lugar para hacer florituras lingüísticas. Sólo indicar que –tupa es un locativo. –ka, no es el momento ahora y, para nuestro fin, carece de interés, por el momento. Por tanto, hospital está relacionado con un “lugar donde se cura”, igual que se puede curar con plantas medicinales.

Los kukama consideran que también se cura con icaros, soplos, chupadas, fumadas. Para esta forma de curación se utiliza el verbo ‘yupita’. Esta manera de curar es diferente del hospital. En este caso se trata de “trenzar el alma”. La enfermedad es comprendida como el alma que sale y se extravía y no puede regresar al cuerpo. Para retener el alma o para hacerla regresar el chamán colocará sus manos en la cabeza del enfermo para que las yemas de sus dedos puedan alcanzar el cuero cabelludo del paciente. Otra forma de “trenzar el alma” consiste en un juego de manos. El chamán se coloca detrás del paciente y toca su espalda. Sus manos en vertical van realizando círculos hacia el interior de la espalda, girando hacia adentro, hacia la columna, y apretando. Todo esto se realiza para enfermedades complicadas.

Mucho más allá de lo anecdótico

En el hospital y centros covid-19 atienden el cuerpo. Y, aunque muchos médicos comprenden la importancia de la atención personalizada y tranquilizan a sus pacientes, no tienen tiempo suficiente dada la emergencia sanitaria. Esta soledad no es tenida suficientemente en cuenta. Para atender adecuadamente se necesitan más médicos y psicólogos que se preocupen por la parte emocional. La dicotomía pensar/sentir es occidental, pero no rige en pueblos indígenas. Sin embargo, hay que tener cuidado, la psicología es una ciencia con una matriz occidental que no siempre tiene en cuenta las maneras amazónicas de comprender la vida. Lo cual significa que no vale cualquier psicólogo.

Los médicos se dedican, fundamentalmente, a curar los cuerpos. Occidente ha fisiologizado el cuerpo humano sobremanera, lo cual tiene muchas ventajas, como las operaciones, pero se ha perdido la visión holística del cuerpo y de la persona. Las personas somos algo más que cuerpos fisiológicos, somos también relaciones humanas. El sistema chamánico atiende mejor, entre otros aspectos, este modo relacional.

Si el Estado peruano quiere atender a su población indígena adecuadamente, además de dispensar atención desde los Centros y Postas de Salud convenientemente (más personal sanitario, medicinas, EPPs, concentradores de oxígeno, movilidades para evacuaciones…), debe ampliar la mirada sobre el cuerpo más allá del individuo, para considerarlo una construcción y tener en cuenta las relaciones sociales como constitutivas de ese cuerpo. También los indígenas saben aislarse cuando es preciso, ahí están tradicionalmente los retiros de los aprendices de chamanes, los rituales de pubertad y otros, pero para ellos el cuerpo humano es mucho más que mera fisiología e individuo. ¿Y los lugares donde no hay Posta Médica o están muy lejos? Son cuestiones difíciles, pero bien haría el Ministerio en conversar con cada federación indígena al respecto. ¿Y los pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV). Entre otras cosas, preservar su territorio y protegerlo de toda clase de extractivistas y ajenos.

Probablemente hay gente que considere la muerte de nuestro amigo como algo anecdótico. Incluso no faltará quien le reste importancia: de todos los enfermos en Santa Rita de Castilla sólo han fallecido dos, y los dos evacuados a Nauta. Una cifra estadísticamente insignificante. Tal vez. Pero nosotros seguimos pensando que merece la pena detenerse y preguntarse: ¿por qué tanta gente en Iquitos no quiere ir al hospital? ¿Por qué mucha gente piensa que los hospitales son “lugares de la muerte”? Centrar exclusivamente la atención para pueblos indígenas (también para los indígenas urbanos) en Centros y Postas Sanitarias nos parece que genera exclusión de las personas que no tienen oportunidad, bien sea por distancia física o cultural. El Ministerio de Salud haría bien en reconocer la importancia de las plantas medicinales en esta pandemia y fortalecer el sistema de Promotores de Salud que la biomedicina ha desmantelado en los últimos 20 años. ¿Algún día en las facultades de medicina [y en el resto] se brindarán conocimientos sobre el cuerpo indígena?

 

Pueden revisar este y otros artículos de los autores aquí: La candela del ojo