Mi formación social construyó mi fe cristiana

24 octubre, 2019

MI FORMACIÓN SOCIAL CONSTRUYÓ MI FE CRISTIANA

por José Luis Franco, Instituto Bartolomé de Las Casas.

 

Steve Privat Pérez, estudió Zootecnia en la Universidad Nacional Agraria La Molina y es director regional de la Asociación de Grupos Evangélicos Universitarios del Perú (AGEUP). Espacio que le permite dedicarse a la formación teológica de los universitarios, pero sobre todo, formar líderes cristianos comprometidos con las problemáticas del país, entre ellas el tema ambiental y sus implicancias. Por ello considera importante el trabajo ecuménico que puedan hacer los católicos y los evangélicos por causas comunes. Siendo la formación de redes una de sus claves. Ello además debe ir alimentado por una reflexión bíblica seria desde la experiencia de un Dios de Vida que ama su creación. Por ello hablamos sobre el activismo ambiental y el compromiso cristiano.

 

¿Por qué es importante la defensa de la creación?

La importancia radica en cómo respondemos a las problemáticas no sólo ambientales sino a situaciones diversas a las cuales nos vamos acercando. En mi caso fue con las comunidades rurales. Ellas tenían problemas con la minería. Y yo no podía aplicar lo que había aprendido. La universidad no me daba las herramientas para trabajar en esos contextos de tensión frente a una problemática específica, pero sí me había formado desde un enfoque economicista. Esta experiencia fue como un golpe, un tema que no estaba en mi carrera. De los choques que tuve fue naciendo mi activismo. Nosotros como jóvenes tenemos energías, fuerzas, y además nos podemos quebrar, entonces ¿qué hacemos? Ahí radica la importancia de indignarnos, para de esta manera, buscar formas de solucionar esos problemas.

¿Cómo vinculas el activismo con tu vocación como cristiano?

Yo empecé el activismo sin ser creyente. Tuve un acercamiento con la espiritualidad cuando empiezo a trabajar con las comunidades campesinas. Mi madre era evangélica y mi padre católico, por eso desde niño ya tenía esa confrontación en qué espacio ubicarme (la misa o el culto). Yo salí del colegio y decidí no involucrarme más en la religión, pero es en la universidad cuando empiezo a visitar y trabajar con las comunidades. Ahí va naciendo mi espiritualidad a partir del trabajo con los más necesitados. Y poco a apoco empecé a construir todo el discurso cristiano, y ello gracias a la AGEUP y el mensaje de la Misión Integral, que no sólo debemos limitarnos a lo espiritual sino a cómo responder a las realidades sociales. Mi parte social fue la que construyó la parte cristiana.

¿De qué manera la fe ayuda o refuerza este activismo?

Es por la esperanza que nos da la palabra del Dios de la vida, que entendemos que lo hacemos por un panorama más grande. Encontramos dificultades en el camino, pero esa esperanza nos mantiene en pie de lucha, eso es lo fundamental. La fe es la que nos ayuda a seguir con esa esperanza de que podamos cambiar situaciones difíciles en algún momento.

¿Cómo evalúas el trabajo entre diversas confesiones en torno al tema medioambiental?

Es necesario empezar a trabajar desde el ecumenismo, porque cada grupo aporta una visión y formas distintas de entender al otro. Para el tema ambiental es muy necesario el trabajo colectivo y de grupos que quieren trabajar y a partir de esa unión van sumando para ser una fuerza. Necesitamos personas comprometidas que vayan rompiendo estos esquemas cuadriculados que hemos tenido en nuestras iglesias, pensando que por dialogar con otros grupos nos vamos a desconvertir. Para nosotros entrar en contacto con la UNEC, ha sido una manera de romper el paradigma del no ecumenismo.