Barrio Victor Larco Herrera, Trujillo: Francisco “Quise estar aquí con ustedes” a damnificados del Niño costero

El papa Francisco recorrió las calles del barrio de Buenos Aires, en el distrito de Víctor Larco Herrera, uno de los más pobres de la ciudad de Trujillo y de los más afectados por el fenómeno del ‘Niño costero’ y cuyas consecuencias las familias de la zona siguen sintiendo, sobre todo, en cuanto a la precariedad de la vivienda. Fue recibido por niños con flores blancas a quienes abrazó. Una de las niñas le ofreció una miniatura de una casa prefabricada, como símbolo de sus luchas por salir adelante luego del desastre. Una de las voluntarias que trabaja en el penal de mujeres El Milagro de Trujillo, le obsequió un muñeco hecho por las internas y una carta donde le cuenta la situación de estas mujeres privadas de su libertad y los sufrimientos que enfrentan. El momento culminó cuando se dejó colocar un ‘chullo’ por un niño, luego de lo cual subió al papa móvil para recorrer el barrio y saludar a las personas Cientos de personas acompañaron el recorrido y transmitieron el calor de su cariño norteño a Francisco.

Su cercanía a los damnificados fue anunciada en la misa en la playa de Huanchaco: “a ustedes les tocó enfrentar el duro golpe del ‘Niño costero’, cuyas consecuencias dolorosas todavía están presentes en tantas familias, especialmente aquellas que todavía no pudieron reconstruir sus hogares. También por esto quise estar aquí con ustedes”. Una de las damnificadas del barrio de Buenos Aires ha presentado una de las ofrendas en la misa de Huanchaco.

Las Hermanas de la Redención promovieron el encuentro, pues ellas asumieron la atención a las familias damnificadas como una prioridad de su trabajo pastoral. Cuando la emergencia tuvo lugar, abrieron su residencia ubicada en el norte del barrio de Buenos Aires para acoger a 85 personas que habían perdido sus viviendas, durante casi 3 meses. Al inicio contaron con las donaciones de alimentos de parte de otras órdenes religiosas, como clarisas y agustinos, pero poco a poco la gente se fue organizando para cocinar y atender sus necesidades.

Con el apoyo de la Cáritas lograron brindarse 20 viviendas prefabricadas a estas familias. Pero la situación no ha sido fácil para todos. Algunos han tenido que mudarse a la casa de familiares en otros barrios y otros están reconstruyendo sus casas con sus propios esfuerzos. La hermana Elisabette Rita Merreu, misionera italiana, nos dice que “a pesar del dolor, ha sido una experiencia de mucha solidaridad” y que las ha acercado más a la gente del barrio. “Ahora la Eucaristía dominical en nuestra capilla es más frecuentada. Ha sido una oportunidad para que muchos conozcan más su fe”.

La hermana Elisabette entregó como obsequio al papa un retrato de sí mismo en nombre de todos los consagrados y consagradas. En el intercambio, ella le dijo “le entrego su imagen” y el papa le bromeo diciéndole “yo soy más bonito”. Aprovechó el momento para entregarle una carta de la red Kawsay, un esfuerzo de 40 congregaciones religiosas que trabajan por una sociedad sin trata de personas. Su lucha es concientizar sobre el tema, dar acogida a las víctimas de manera discreta permitiéndoles reinstalarse en otras ciudades, reconectarlos con sus familias y brindarles el acompañamiento que necesitan para recuperar su identidad y libertad.

“El papa ha tocado a todos”, nos dice la misionera de la Redención. Incluso, los evangélicos del barrio les pidieron participar, porque encuentran en Francisco alguien que les dice algo a sus vidas y a las situaciones de dolor que han enfrentado. Su congregación viene hace muchos años caminando con esta comunidad y los más vulnerables de la ciudad de Trujillo. Su misión es “ser presencia misericordiosa del Padre con las adolescentes y las mujeres en situación de riesgo”, que lo hacen amor concreto a través de su pastoral en el penal de mujeres. Saben que lo más difícil para que estas mujeres se reintegren a la sociedad luego de cumplir sus penas es conseguir trabajo. Por ello, han hecho una pizzería al costado de su casa en Buenos Aires, donde muchas de ellas son contratadas, y una escuela laboral en el penal.

Todo el norte del Perú, ha estado a la expectativa de las palabras del papa. Yolanda Díaz, del Centro Esperanza de Chiclayo, nos cuenta que en las zonas afectadas por el ‘Niño costero’ en Chiclayo, había un “clima receptivo” de las familias. Y aun cuando las personas todavía no cuentan con servicio de electricidad, se han organizado para poder seguir las actividades del papa en la calle. Con la diócesis han asistido a la misa en Huanchaco unos 3500 peregrinos y 600 jóvenes para ayudar en la Guardia del Papa, además de las imágenes de la Cruz de Motupe y el Divino Niño de Eten. Pero en total serían más de 10 mil chiclayanos los que por su propia iniciativa han acudido al encuentro con Francisco.


En colaboración con el Centro de prensa OSEVOZ.